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Material compilado y revisado por la educadora argentina Nidia Cobiella (NidiaCobiella@RedArgentina.com) El
Churrinche (Leyenda tehuelche). Ulian
era un indio tehuelche que poseía extraordinarios
poderes. Todos lo amaban y respetaban en su tribu y no sólo
sus hermanos, los indios; lo amaban también las plantas y
los animales, con los que podía hablar porque conocía
todos sus idiomas y podía entenderse con ellos a las mil
maravillas. Fueron ellos, los animales del bosque, los que, cuando Ulian era niño, lo salvaron de una muerte horrible... Cierto día, el indiecito se sentó en el bosque para hablar seriamente con un insignificante pajarito gris al que él llamaba "Churrinche". Como tantas otras veces, Ulian trataba de convencerlo de que él era tan útil y bello como los otros pájaros, pero el churrinche no se convencía: -¿No
ves que no tengo ni una pluma de color? ¿No te das cuenta
de que soy tan chiquito que casi no se me ve? Mírame
bien: ¡Soy feo!... ¡muy feo! Tan seguro estaba el pajarito de lo que decía, que creía que todos pensaban lo mismo que él y, por eso, andaba siempre solo, así nadie podría compararlo con las bellísimas aves multicolores que habitaban el bosque. Tan
ocupado estaba el indiecito con su pajarito desvalido, que
no oyó acercarse a un gigante malvado que vivía en las
cercanías y que tenía mucha envidia de los poderes mágicos
de Ulian. En un abrir y cerrar de ojos había atado pobre niño y lo había encerrado en una cueva, que había tapiado totalmente, esperando que muriera. Pero...
sin darse cuenta, el gigante había dejado una pequeña
hendidura sin tapar, y por allí se coló el
churrinche. Con su débil pico intentó desatar las
cuerdas que inmovilizaban al prisionero, pero tenía tan
poquita fuerza que no pudo
conseguir nada. Además, el gigante, al darse cuenta de su presencia, lanzó un rugido tan
fuerte que le arrancó todas las plumas de su copete. - Andá y pedí ayuda a mis hermanos, los animales, ellos me ayudarán; dijo Ulian con el pensamiento, ya que estaba amordazado. El churrinche estaba tan asustado y desesperado que se olvidó de su vergüenza y de un solo vuelo aterrizó en el claro del bosque, donde estaban reunidos los animales y les contó, casi llorando, lo que pasaba. Rápidamente, se formó un congreso y quedó preparado el plan: el tucutuco cavaría un túnel desde su guarida hasta la cueva y por él sacarían a Ulian. Esperaron a que se hiciera de noche y comenzó la tarea; si bien es cierto que el jefe era el tucutuco, todos los animales ayudaban a sacar la tierra y despejar el túnel, hasta que por fin llegaron a las paredes de la caverna. Allí
escucharon unos golpecitos que Ulian pegaba con los
talones para indicar su posición y, en el mayor silencio,
el tucutuco cavó un gran orificio. El churrinche, mientras tanto, se había vuelto a meter en la cueva, para hacerle compañía a Ulian y ver los pormenores del rescate. Entre
todos los animales arrastraron al prisionero, todavía
atado y amordazado, por
el túnel recién cavado, rumbo a la guarida del
tucutuco, donde pensaban esconderlo. Ya
estaban por empezar la marcha, cuando
el gigante se despertó y lanzó un feroz rugido. El
churrinche se llevó un susto mayúsculo, pero lo primero
que pensó era que debía avisar a sus amigos que el
gigante estaba furioso, y lo primero que se le ocurrió
fue ponerse a gritar tan fuerte como el gigante (en
realidad, eso creía él): -
churruit... churruit... churruit... churruit...
churruit...
churruit... churruit... churruit. El
gigante, más enfurecido que antes, por semejante
batifondo, le arrojó una gruesa espina que se clavó
profundamente en el pecho del pájaro, y se dedicó a
perseguirlo. Los
animales aprovecharon para proseguir con el rescate,
mientras el tucutuco iba taponando el túnel recién
construido Cuando
estuvo seguro de que Ulian estaba a salvo, el churrinche,
totalmente ensangrentado, dejó de gritar y, con las pocas
fuerzas que le quedaban, voló hasta un chañar, a cuyos
pies cayó desmayado. Allí
lo recogió una calandria, que lo llevó hasta Ulian que,
con unos pocos pases mágicos lo curó, pero decidió que
para siempre llevara el color de la sangre en su plumaje,
como muestra de su coraje y valentía.
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