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Material compilado y revisado por la educadora argentina Nidia Cobiella (NidiaCobiella@RedArgentina.com) Cuenta
una leyenda popular que... Un joven indio guaraní, bravo cazador que habitaba en el bosque y estaba enamorado de una bella india de dulcísima y melodiosa voz. La
bella muchacha era la hija del cacique, y la tribu a la
que pertenecía, exigía que el que la pretendiera debería
superar una serie de actos de arrojo fijados de antemano y
que demandaban virilidad y valentía. Dichos actos consistían en vencer en dos carreras, una pedestre y otra de natación; luego, tendría que permanecer inmóvil, durante nueve días, dentro de un cuero cosido, alimentado solamente con líquidos. El valeroso indio venció a todos los aspirantes y cumplió la segunda parte de la prueba. Pero, cuando fueron a liberarlo, después de los nueve días establecidos, sólo encontraron una pequeña ave de plumaje color ladrillo: el casero. El pájaro levantó vuelo, se posó en un curupí y entonó su primer trino alborozado. La hija del cacique, respondiendo al llamado del compañero, se transformó también en ave y voló hacia él para formar la yunta inseparable de caseros. Desde entonces elevan trinos en acción de gracias mirando al cielo.
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