A muchos lectores, que
han tenido la oportunidad de abarcar en conjunto con la mirada, desde un
sitio elevado, los tejados de nuestro pueblo, habrá sorprendido tal vez la
profusión de mástiles con sus correspondientes antenas, que surgen por
todas partes.
Si se piensa como es
natural, que a cada antena corresponde un receptor radiotelefónico, cabe
afirmar que en nuestro pueblo la radio ha adquirido gran desarrollo. No hace
mucho sin embargo, (7 u 8 años ) lo que hoy parece tan natural y lógico,
constituía motivo de sorpresa, incredulidad y a veces hasta de burla.
Entre los aficionados
locales, figuró desde los comienzos por su entusiasmo y dedicación el
señor J. Seijo quien fue el primero en la localidad que comenzó a ensayar
transmisiones, allá por el año 1922.
Con un pequeño
transmisor de 5Wats modulación por absorción, con dos válvulas Telefunken,
inicio sus ensayos con un largo de onda de 325 mts.
Con el modesto aparato
(llamémoslo así por la escasa potencia que significan los 5 Wats en onda
larga) entró en la amable rueda que formaban los escasos transmisores de
aficionados, y llegó a hacerse oír en Venado Tuerto, lo que se consideró
un “record”, en aquellos tiempos, en que era motivo de orgullo poder
conversar a 1 o 2 leguas.
Puso en funcionamiento
luego un transmisor de 50 Wats, con el que efectuó transmisiones
especiales con motivo de los aniversarios de las de Chile y Uruguay donde
se oían con toda claridad, sus audiciones.
Al día siguiente de
tales transmisiones le caía al Sr. Seijo una lluvia de telegramas, luego
cartas provenientes de radio-escuchas entusiasmados, que lo felicitaban,
solicitaban su retrato, etc.
Pidiéndole disculpas al
Sr. Seijo por la indiscreción que comento, pero me refirió él mismo, que
sus más entusiastas y constantes auditoras eran dos señoritas uruguayas,
quienes parece que encontraban un especial placer en escuchar a nuestro
aficionado, ya que no perdían una sola de sus transmisiones: llegando con
su natural curiosidad femenina a solicitarle un retrato; (¡Vaya a saber qué
relaciones establecerían dichas señoritas entre una transmisión
radiotelefónica y una postal fotográfica!).
Alcanzó luego distancias
apreciables con su transmisor, llegando al Cerro de Pasco 210 Kms. al N de
Lima.
Según le hizo saber un
empleado del vapor Asturiano, que habló a bordo de dicho buque, anclado en
la Bahía Garibaldi, con música propalada por su transmisor.
El señor Seijo ensayaba
la transmisión en onda corta habiendo llegado hasta New Port, Inglaterra.
Pasaron pues aquellos
tiempos de aquellas “lámparas” francesas tragonas terribles de corriente y
que daban tanta luz, que al funcionar el aparato era innecesaria otra
lámpara; pero que tan bien se portaron dando luego paso a los implementos
modernos.