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El
Ateneo Popular del club Atlético tenía su sede en la biblioteca de la
institución. Allí convergían todas las Inquietudes intelectuales del
momento. (193...) eficientemente promovidas por sus comisiones directivas.
Se trabajaba mucho y bien. La biblioteca se vio enriquecida y actualizada
merced a la labor de la señora Deidamia Descalzzi de Variglia, presidenta
en varios períodos. No
sólo de pan vive el hombre, y esa evolución lenta pero sin pausa que se
iba produciendo en los casarenses hacia notar la carencia de verdaderas
manifestaciones artísticas y culturales... Así Ciro López Torres
obtuvo un éxito clamoroso. El salteño era un charlista profesional en
gira por diversos pueblos de la provincia donde se lo acogía con mejor o
peor suerte. En Casares agradó sobremanera. Sus temas históricos y
también paisajísticos con toques folclóricos tenían la contundencia de
quien los había repetido muchas veces. Sabía decir e impresionar con
efectos teatrales cuando era necesario. Conocía el metier con acabada
habilidad. Encontrándose con un público más simple y desacostumbrado
que el habitual en otros lados, se esmeró por completo cosechando
aplausos y una adhesión insospechada. Se lo aplaudió de pie al terminar
y los más entusiastas lo invitaron a cenar. Así como sorprendió con su
decir, sorprendió por su apetito voraz, inexplicable en un hombre de físico
enjuto. Devoraba cuanto se le ponía por delante. Unidas varias instituciones, lo contrataron
para disertar tres veces más por la entonces astronómica suma de 500
pesos. Los éxitos se sucedieron en forma clamorosa, al punto de
despedirlo con un gran banquete, donde el Dr. Ramos le entregó un
pergamino recordatorio. Las conferencias se repitieron todos los años
pero nadie impacto como él.
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