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A la muerte del Dr. Julio F. Ramos, el Dr. Ángel Rodolfo Galcerán, que ejercía en Smith, compró el consultorio del dirigente fallecido. Fue su sucesor en forma total. Avispado y con carisma, se hizo cargo también de la conducción partidaria. Pero para hacer un Espil y rivalizar con él, fueron necesarios dos. El escribano Fortunato Bava, quizá el cerebro más lúcido que haya habido en Casares, se constituyó en eminencia gris. La dupla Galcerán-Bava funcionó durante muchos años. El "catalán", bohemio y jugador, se amanecía en cuanta mesa de pócker encontrara y subsistió ganándose la buena voluntad de Espil, que dio su aval para que fuese regulado en dos ocasiones como diputado provincial. En la Cámara se contaba con su voto cada vez que hacía falta al oficialismo. Rodolfo
Espil como exponente de su clase y de su crianza, se dividía en dos. Por
un lado el político que negaba derechos y recurría a procedimientos
arbitrarios para prevalecer. Y por el otro. el cumplido caballero que era
en lo social y privado. Fue honesto, sin un centavo entró y de igual
manera salió de la función pública, al punto de que su madre debió
mantenerlo cuando dejó Casares. Alejandro Pavlosky le procuró una
ayudantía en una sala de mujeres del Hospital Álvarez y ejercía
privadamente en el consultorio de su cuñado el Dr. Antonio Aja, en las últimas
horas de la tarde. Tampoco
perdonó el desfalco de un empleado municipal que fue cubierto con su
seguro de vida al suicidarse en el club Social. Espil
era buen mozo. elegante y posesivo hasta la exasperación. Cambiaba de
traje todos los días. Su andar característico era único, se deslizaba
casi en puntas de pie. De allí el mote de Kelito la vedette. Fascinaba a
las mujeres a tal punto que una maestra perturbada lo adoraba de rodillas
como si fuera una divinidad. Tuvo muchas novias pero no se casó, buscando
a la mujer perfecta, de pureza impoluta... También tuvo amantes y
distintas aventuras. De una relación efímera tuvo un hijo. y ese hijo
fue judío... "Un
bel moriré, tutta la vita onora". La muerte de Rodolfo Espil
fue un ejemplo de sensatez, valentía y estoicismo. El
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