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El Centro Educativo Complementario o Centro Asistencial, como se denominaba al comienzo, cumple una misión insoslayable en pro de la niñez. Señalar los méritos de su cometido es redundancia, es ampliamente conocida la labor que allí se cumple. La primera Comisión Cooperadora inició sus actividades ofreciendo el padrinazgo a Graciela Borges y Juan Manuel Bordeu. Fue la primera y única vez que una artista de cine en pleno apogeo y su pareja, automovilista tan popular como ella, vinieron a Casares con fines benéficos. Serían la principal atracción del espectáculo organizado. Fue clausurada la avenida San Martín, desde Brown hasta Soler y se efectuó un desfile de autos último modelo, cedidos por las distintas agencias locales. Sobre el capot de cada coche, iba una muchacha luciendo prendas al último grito de moda. No podía decirse que en Casares no había muchachas guapas de piernas perfectas. Las mini faldas se habían impuesto esa temporada. Graciela y Maneco se hallaban en un palco para que todo el mundo pudiera verlos. El entusiasmo del gentío era delirante. Desde que llegaron a Casares los tuvieron a mal traer; se alojaban en casa del Dr. Pedro Nocetti y a duras penas pudieron descansar un rato, los medios de prensa estaban enloquecidos por entrevistarlos. Llevó mucho tiempo grabar un reportaje para la T.V. y luego El Oeste cumplió con lo suyo. Graciela lanzó un suspiro de alivio al terminar... Pero allí estaba Eduardo Bercovich, director de La Ley, con idénticos propósitos... como siempre había llegado tarde. Maneco lo atendió, pero la estrella se negó en forma terminante, tenía el tiempo justo para cambiarse y maquillarse. Demás está decir que mientras estuvieron en el palco, fueron fotografiados varias veces. Eduardo se desquitaba con las fotos, de su fracaso. Pero no se daba por vencido y creyó poder efectuar el reportaje durante el lunch ofrecido en agasajo alas celebridades. Se equivocaba, los periodistas no fueron admitidos por expreso pedido de los visitantes... Se encontró con las puertas en las narices, teniendo lapicera y papel en la mano. Llegué al acto en ese momento hallándolo anonadado. En su desesperación me dio el papel diciéndome: Por favor pregúntele cualquier cosa a Graciela y anótelo, mañana paso por su casa a buscarlo. Era la primera vez que hablaba conmigo: tampoco hacía mucho que supiera de mi existencia... Me fue muy fácil charlar con Graciela en un breve aparte. Pero... advirtiendo su escaso cacumen le hice algunas preguntas intencionadas poniéndola en apuros. Tanto, que al finalizar preguntó: ¿Te parece, Tolosa, que soy una mujer culta? ¡No!- le contesté en forma terminante, dejándola confundida. El reportaje había resultado perfecto, no había que agregarle ni punto ni coma. Eduardo al recibirlo quedó asombrado, y me enganchó para integrar el cuerpo de redactores de su pasquincito. Durante dos años lo hice, me divertí mucho, pero también aprendí a conocer la naturaleza humana... Y como dijera Bernardo Neustadt ¡la escuela periodística de Carlos Casares es única!...
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