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Inauguración del Palacio Municipal El senador Graciano Ordoqui había obrado milagros consiguiendo del gobierno provincial que se construyeran los sólidos edificios de la comisaría, una escuela, la municipalidad y las instalaciones de las aguas corrientes. Nadie había hecho tanto, ni lo haría, por el embellecimiento de Casares, dándole por fin el clásico aspecto de cabecera de partido. Ordoqui compró personalmente el mobiliario en Maple, lo hizo acompañado por su amigo Fermín Tolosa. Detallaba este, años después, su preocupación por los detalles y su afán por amueblar adecuadamente el edificio: los bellos silloncitos esterillados y las frágiles mesitas del más decantado estilo Luis XVI, que adquiriera, nos dice de su buen gusto y finamiento. Es de lamentar que la ignorancia, hiciera desaparecer tales joyas por los malos tratos recibidos: escritorios y mostradores han subsistido gracias a su solidez.La
inauguración de la casa comunal, efectuada el 9 de julio del 1930, fue el
canto del cisne de Graciano Ordoqui.
Dos meses después caería el gobierno radical significando su
retiro de la política. Graciano no era persona de perder tiempo en
nimiedades, encargó el lunch a una conocida cafetería porteña y delegó
el trabajo de hacer las invitaciones. ¿El intendente?. Sí, existía
pero nadie se acordaba de él. Claudio Balseéis el secretario, estaba
harto ocupado con el gobierno comunal y sus amores. Entonces Pepe Seijo se
hizo cargo de las mismas con la debida anticipación. La
recepción contaría con
doscientas cincuenta personas pues se bailaba y se cenaba. No se
omitiría a nadie de pro, las entusiastas entre las damiselas y las señoras
planeando sus toilettes.
Muchas de ellas vestirían por primera vez
un vestido largo de fiesta. Hubo
que pedir turno a las modistas que se deshacían en comentarios.
Las que estaban seguras de asistir se mostraban radiantes, las que
dudaban, vivían amargadas y nerviosas porque “ don José”
había anunciado que haría una precisa selección.
En efecto, en su escritorio había una lista
con mas de cien familias. Su esposa
también intervenía, la
misma fue hecha y rehecha varias veces. Aunque redactada por orden alfabético, primeramente se separaron los nombre de la elite.
Después la señora expurgó
a ciertas personas cuya moral
no la convención del todo.
Por último, estaban
quienes por su nivel cultural no
eran aceptables. En su mayor parte se
podía invitar a los hijos y a los padres no, y así se hizo. Más de una tarjeta estaba dirigida a las señoritas
de..... omitiendo a los
cabeza de la familia, algo insólito.
Seijo se salía con la suya, salvo que se vio obligado a dar en
propia mano la tarjeta que tanto daba
que hablar a alguien que lo sorprendió.
Las señoritas Mieres estaban enloquecidas por asistir a la fiesta,
se habían hecho trajes de
innegable elegancia, pero la invitación no llegaba
con el transcurrir de los días. Qué no darían en la intimidad
y cómo tendrían a mal traer a la familia para que el padre comprara
una quintita y le encargase la escritura a Seijo. Al retirarse le pidió
una de las invitaciones que estaban a la
vista. Imposible negarse. Así fueron
las señoritas Mieres a la fiesta que tanto desvelos les causara.
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