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Marta Tolosa Fragmentos Jamás pretendí ser escritora o periodista de verdad. Tan poca importancia concedí a mis escritos que no conservo nada... Algunos de estos relatos durmieron por años en las gavetas del escritorio. Fueron las narraciones hechas por mi padre Fermín G. Tolosa, “el pato”, en sus últimos años, sobre ese Casares elitista y desconcertante en sus contrastes. Otros, casi todos de neto ambiente campero, se los había escuchado a mi tío, el mayor de los hermanos, José Tolosa y Altuna. De mis abuelos Pierrot, principalmente de abuela Damasia, supe de hechos añorados... La
historia de Carlos Casares se ha escrito ya, se ha hecho en forma
eficiente y con rigor científico por la profesora Sigwald Carioli, es una
labor de indiscutido mérito. Simón Sigal quien compilo datos con
verdadero amor por su pueblo, nos dejó un compendio autorizado, En él
puso lo mejor de si mismo, dedicándolo a sus padres, autentico pioneros.
Carlos Sixto en una reseña intimista hizo lo suyo. Pero ni los resúmenes
ni los fríos documentos de los archivos muestran el alma. No hablan de
modalidades, sentimientos ni pasiones, que sólo se vislumbran a medias.
Casares se formó a los ponchazos, en medio de la indiferencia de muchos y
los afanes y visión de unos pocos. Cada nombre queda ligado en forma definitiva al accionar de quien lo ostentó. La muerte no borra lo que dejó de sí, por el contrario, lo exalta o lo condena definitivamente.
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