"Estos hombres de campo ya no
luchan para si, sino por sus hogares y por sus hijos, para que tengan la
seguridad de un futuro de la que ellos carecen. Estar a su lado en esta
hora debería ser la posición de todo argentino".
Dr. Francisco Netri
El siglo transcurrido desde la Revolución
de Mayo había modificado sustancialmente las estructuras heredadas de la Colonia
y la generación del 88 una vez lograda la inserción de nuestra economía en la
división internacional del trabajo de los finales del siglo XIX, disfrutaba de
una opulencia similar a la de las clases dirigentes europeas, de la que se
hallaban sistemáticamente excluidas las mayorías nacionales.
El "gobernar es poblar" se expresaba en la llegada de más
de tres millones de inmigrantes dedicados en gran parte a la agricultura, que
llevaron la frontera agrícola de 2.100.000 ha. en 1888 a 20.000.000 en 1912.
Pero esta gigantesca incorporación de mano de obra se realizó
a través de leoninos contratos de arrendamientos quedando la propiedad en manos
de la oligarquía terrateniente que la había recibido de quienes habían gobernado
el país desde la independencia a la conquista del desierto, más
allá de algunos intentos válidos pero insuficientes de
colonización expresados en la enfiteusis de Rivadavia y en proyectos y leyes de
los presidentes Sarmiento y Avellaneda.
Estos contratos, verdaderos rosarios de explotación, se fundaban en un
desmesurado costo del arrendamiento, la obligación de comprar los insumos y
herramientas a los arrendadores a precios exorbitantes y de venderles lo
producido a valores muy inferiores de los que realmente poseían.
Por más que se trabajara de sol a sol, los esfuerzos
no alcanzaban ni para dar un mínimo de dignidad a las familias que llegadas
desde una Europa desangrada por interminables guerras, venían con la ilusión de
construir un futuro próspero.
Una sucesión de malas cosechas, había dejado a los agricultores en una situación
muy sensible pero fue la formidable cosecha de 1912 la que motivó
el repentino salto de conciencia, al comprobarse que a pesar de ella, luego de
pagar las ingentes deudas nada quedaba en los bolsillos de los chacareros.
Cuando la huelga estalló en la Sociedad Italiana de
Alcorta el 25 de junio y rápidamente se propagó en
toda la región paralizando a más de 100.000
agricultores, perseguía la modificación de los contratos de arrendamientos,
hecho que luego de una larga lucha se consiguió y que el Dr. Francisco Netri pagó
con su vida al caer ante las balas de la oligarquía asesina, pero en sí
llevaba el germen de solicitar un lugar en la sociedad que los había convocado y
que ahora le cerraba las puertas al progreso y al desarrollo.
El resultado directo fue la fundación de la Federación Agraria Argentina que se
constituyó en la herramienta de los pequeños
y medianos productores con la cual lucharon para mejorar sus condiciones de vida
y acceder a la propiedad de la tierra.
Y si bien el Grito de Alcorta no logró modificar de
raíz la estructura agraria, creó las condiciones para
que los gobiernos populares que a partir de 1916 llegaron al poder, cada
dictadura militar produjo un nítido retroceso, permitieran una gradual
democratización de la propiedad y el acceso de miles de agricultores a su
porción de tierra que le dieron el paisaje a toda una región y fueron el motor
del desarrollo y el progreso en el siglo XX de nuestro país.
Fuente: Federación Agraria Argentina
De un
artículo de Carlos Leavi:
Pulperías, boliches, parroquias, sus precarias viviendas, fueron los
clandestinos lugares de encuentros donde se empezaron a reunir, a juntarse para
enfrentar juntos a los terratenientes.
La rebelión en 1912 conocida como el “grito de Alcorta”, según explica el
historiador Plácido Grela, tuvo su origen en la distribución irracional y la
fuerte explotación a la que estaban sometidos los campesinos. La estructura
social del campesinado en el momento en que se desata la rebelión, estaba
integrada por terratenientes, arrendatarios y subarrendatarios.
Estos últimos, los subarrendatarios, se encontraban sometidos a la más cruda
arbitrariedad impuesta por los dueños de la tierra. La explotación se daba por
las altas tasas de arriendo, juntamente con las cláusulas establecidas en los
contratos realizados unilateralmente por los propietarios. La siguiente cita es
un extracto de una de las cartas enviadas al diario La Tierra, en la que se
denuncia la explotación a la que estaban sometidos los colonos:
“... Comunico a Ud. Que según voces que corren por esta colonia, algunos
propietarios se están vengando con algunos chacareros. Ayer me encontré con el
chacarero Esteban Pavich en la estancia “Santa Catalina”, de Martelli Hnos. El
chacarero estaba llorando. Yo pregunté lo que tenía y me dijo: Vea, he cosechado
215 kintales (así se encuentra escrito en la carta original) con 35 kilos de
lino, me han quedado 60 bolsas para semillas, lo demás lo he entregado a
Martelli Hnos. para que se cobre el arrendamiento y el resto me lo acredita y si
no alcanza (así se encuentra escrito en el texto original) para cubrir las
deudas, con el maíz saldaré todo”, texto extraído de los archivos de Federación
Agraria Argentina (FAA).
Los trabajadores rurales de distintos pueblos de Santa Fe, pero también de
Buenos Aires y la Pampa, se juntaron y dieron pelea. Un movimiento que,
como relatan distintos historiadores,
contó también con el respaldo de pequeños comerciantes, artesanos, talleristas,
además de profesionales, sacerdotes y los obreros urbanos y rurales.
“Grito de Alcorta” fue la primera huelga agraria argentina. Pero no sólo eso,
porque en esa pequeña localidad santafesina llamada Alcorta, aquellos
trabajadores rurales comprendieron que para enfrentar a los poderosos no bastaba
con hacer huelga, había también que organizarse y fue así que crearon la
Federación Agraria Argentina. Una herramienta de organización y lucha ante los
atropellos y la impunidad.
Fragmento de una
publicación de "El Día" de Gualeguaychú