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La gran distancia que hay con el Océano Atlántico hace que los vientos húmedos del este lleguen desprovistos de humedad, y los vientos del oeste que vienen del Pacífico descarguen sus precipitaciones en forma de lluvia y nieve al cruzar el cordón montañoso más alto de América, la Cordillera de los Andes. Esta cordillera de altas cumbres es divisoria de aguas entre las cuencas del Océano Atlántico y del Océano Pacífico, y es dispersora de aguas, pues en ella nacen la mayoría de los ríos de América del Sur. La aridez del ambiente en las altas cumbres determina que el nivel de las nieves eternas sea elevado, oscilando entre los 4.500 y 5.500 metros. Descendiendo del nivel de los hielos permanentes, se hallan los penitentes, ubicados en laderas de mayor insolación, presentan formas cónicas de unos tres metros de altura, y vistos en conjunto, se asemejan a una procesión de monjes encapuchados. Por debajo de éstos y hacia la
base de las montañas, se encuentran los circos glaciares y morrenas, restos de
la glaciación cenozoica. Uno de los vientos que proviene del oeste es el Zonda, el cual -al chocar con las montañas- descarga su humedad en forma de copiosas nevadas, las que constituyen la principal fuente de alimentación de los ríos. Los ríos tienen su creciente entre los meses de diciembre y marzo, con una pronunciada bajante entre abril y noviembre. El derretimiento de la nieve y de los glaciares de alta montaña da origen y alimenta a los numerosos arroyos que nacen en la cordillera. Así nacen los ríos mendocinos que atraviesan los cordones montañosos por pronunciadas pendientes, descienden por angostas quebradas, hasta llegar al piedemonte. Donde finaliza la montaña y comienza la planicie, los valles se ensanchan y se tranquilizan las aguas. A través del yermo, los ríos recorren el terreno lentamente, cada vez con menor caudal, debido al intenso aprovechamiento de las aguas en sus cursos medios.
El Río Mendoza, por ejemplo, se alimenta por deshielos del Aconcagua, nace de la confluencia de los ríos Tupungato y de las Vacas que unen sus aguas al río las Cuevas. Recorre entre Picheuta y Uspallata, llega a Cacheuta y se dirige a Palmira. Alcanza las zonas bajas de Huanacache, límite con San Juan y San Luis, después de haber recorrido Las Heras, Luján, Maipú, San Martín y Lavalle. Los afluente de este río son entre otros arroyos, el Polvaredas, Tambillo, Ranchito, Picheuta y Uspallata. En época de lluvias, vuelcan sus aguas los arroyos Colorado y Blanco de Potrerillos. Son canalizados para proveer de agua potable a las poblaciones de la zona. El Río Tunuyán nace en los ventisqueros de Tupungato. Los ríos de Mendoza no sólo constituyen un elemento de belleza en el paisaje sino que su presencia es el basamento económico determinante de la distribución de la población.
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