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Poemas I a X

Material compilado y revisado por la educadora argentina Nidia Cobiella (NidiaCobiella@RedArgentina.com)

 

       Probando alas

Otra vez vuelvo a templar

después de un largo silencio

tal vez porque en este viaje

no calculé bien el tiempo

y como de horas perdidas

no se saca güen provecho

viá ver si gano distancias

enancándome en el viento.

 

Vengo cargáo de paisajes,

de caminos polvorientos,

de los ríos, las lagunas

y del monte y sus misterios

y en esta caja sonora

traigo pájaros en celo

que no anidan en el árbol

ande hay caranchos y cuervos.

 

No hay tramperas que detengan

la libertad de su vuelo

y por su canto parece

sentirse el aire más fresco,

además debe ser lindo

estar más cerca del cielo

al salirse de la jaula

pa andar volando con ellos.

 

Ese es mi antojo argentino

y a lo mejor sin saberlo

ya estoy probando las alas

desplumándome en un verso

después ya vamos a ver

de qué nido sale el güevo

que le sobren gayaduras

pa toparse con lo nuestro.

 

 

Menos mal

 

Menos mal que aura tengo

este canto en los labios

que me sigue ande vaya

cada güelta que salgo

y se mete en la yerba

pa endulzar mis amargos

cuando caigo a las casas

tan cansao del trabajo.

 

Él de mí sabe todo

pero de él, sin embargo

sé tán poco que siempre

me sorprende con algo,

lo sé ver ocasiones

desangrarse de guapo

y por ahi es más tierno

que el cordero más manso.

 

No han de verlo arrastrarse

mendigando un barato

y en cuestión de consejos

no le falta un encargo;

se ha hecho tan entendido

tan prudente y baquiano

que hasta a veces me chifla

cuando le erro en el tajo.

 

Soñador, como todos

los que vienen de abajo,

por confiao y atrevido

se ha yevao más de un chasco;

pero estriba de nuevo

y se afirma entre el barro

pa mostrarme que naides

va a cambiarle los tantos.

 

Y me yeba de tiro

pa meterme en los ranchos,

en los ríos, las islas,

en los montes y el campo.

Menos mal que aura tengo

este canto en los labios;

si no juera por eso

me habría muerto hace rato.

           Si algo me sobra...

 

Les voy chiflando a mis bueyes

empinao en la carreta

por los hondos cañadones

o en la yanura desierta,

cada tanto un rancherío

me cruza en su marcha lerda

y yo sigo sin mosquearme

perdido en la polvadera.

 

No tengo ningún apuro,

total ya estoy en la güeya;

me basta saber que marcho

por el ruido de las ruedas.

Pa mi, no tiene importancia

la cantidad de las leguas;

si algo me sobra, es el tiempo

y despacio igual se yega.

 

He visto yegar las noches

unas, toldadas de estreyas

muchas, de barro y garúas

con rezagos de tormentas

y he visto pasar los días

envueltos de helada y niebla

o soles de media tarde

de esos que rajan la tierra.

 

Silencios y soledades

como perros me aparean

y hay una sombra porfiada

que me sigue a media legua.

Siempre a la misma distancia

envuelta en sus pilchas negras;

parece pegarse al suelo

cada vez que me doy güelta.

 

Encontré por ande anduve

pantanos, palos y piedras;

comedidos que no faltan

cuando uno quiere echar güena

y pa colmo como siempre

no hay mal que por bien no venga;

nunca falta un contrapeso

en el plan de la carreta.

 

Pero igual siento que marcho

y mientras viva y me mueva

les viá chiflar a mis bueyes

sin picana ni azotera.

Como le dije hace un rato,

la distancia no interesa;

si algo me sobra, es el tiempo

y despacio, igual se yega.

Pa mascar

Que cómo puedo vivir

en este rancho desierto

ande tan solo se escucha

el bramar de los silencios,?

ande nunca viene naide

ni siquiera por remedio

y pa sentir un torido

tengo que pedir un perro?

 

La verda no sé decirle

porque nunca pienso en eso

además ya no preciso

dir cada rato pal pueblo;

en cuanto a la soledá

y al aparente sosiego

no han escuchao el baruyo

cuando me caen los recuerdos.

 

No me dejan ni dormir

doy  güeltas pa entrar en sueño

cansao, me siento en el catre

armo un barato y lo prendo

y casi sin darme cuenta

envuelto en el humo espeso

dibujando en la ceniza

me acomodo al lao del juego.

 

Ahi dentran a desfilar

tanto lindos como fieros

y me agarra la mañana

con los ojos bien abiertos,

después, dentro a hacer mis cosas

y sin querer me entretengo

esperando que la noche

me vuelva a juntar con eyos.

 

Perdí mucho en el camino

sin que se me oiga un lamento

y he pagao cuentas ajenas

con tal de salir derecho

yo sé bien cómo es la cosa

pa que venga a hacerme el cuento

y quien dijo que algún día

no yegue a tener un perro.

 

                     

                       De la Costa

 

Por un sendero que lleva al río

costeando el filo de la barranca

chiflando alegre recorre un mencho

los recovecos de la bajada.

 

Anda de estreno de punta a punta

desde el sombrero a las alpargatas

la faja roja como el pañuelo

bombacha negra y camisa blanca.

 

La brisa suave desde la costa

le trae murmullos de noche mansa

hay un silencio entre las canoas

sobre el espejo claro del agua.

 

Una cordiona que se descuece

entre los ranchos de barro y paja

y un farolito que parpadea

marcan el sitio de la bailanta.

 

Llega y al punto dentra y saluda

se inclina atento tocando el ala

y a una cintura que se le ofrece

con gesto amable y viril se abraza.

 

Tienen que verlo bailando al tape

cómo se entrega a la dulce danza

casi es un lujo pal musiquero

que se desvive por darle cancha.

 

Hasta parecen batirse a duelo

ninguno afloja en el tome y traiga

cuando el que toca se juega el resto

ya le responde pronto el que baila.

 

Así transcurre la noche entera

y sobre el filo de la mañana

con su canoa lo ven de nuevo

rumbo a la isla cargao de trampas.

 

                  Soguero de versos

 

 Relator

                           Se fue yendo la tarde

por detrás de las casas

y ha quedado el poniente

como un tajo que sangra;

el candil parpadea

al chispear de la grasa

y el poeta conversa

con la noche estrellada.

 

Uno a uno los versos

van formando la trama

y el misterio es tan grande

que hasta el grillo se calla.

Se refriega los ojos,

deja el mate y la pava

y sin más requisitos

se acomoda y arranca.

 

Personaje

Viá sacar de esta lonja

si es que el pulso me aguanta

otros tientos parejos

desviráos a pestaña

porque tengo este lazo

que le falta la yapa

y me voy en antojos

de probarle la armada

 

Me di  el gusto en el cuero

lo elegí de la estaca

y he guardao unas tiras

pa enjerir si hace falta;

me yevó tanto filo

recortarle las garras

que asentando el cuchiyo

casi gasto la chaira.

 

Al  lonjiarlo prolijo

le encontré varias marcas

pero nunca por eso

viá restarle confianza.

Si por ahi se me corta

se han cortao tantas guascas

aguantando tirones

de sotretas y maulas.

 

Lo trencé despacito

como aquél que hace maña

en los ratos perdidos

entre yerba y guayaca;

cada jeme que tiene

jué tirao a las ancas

y por ahi se le notan

las perebas de mi alma.

 

Me ha dentrao el apuro

pa tenerlo mañana

porque dicen que yegan

unos máistros en guascas.

Va estar lindo el asunto

entre tantas hilachas

y habrá jueces y todo

pa nombrarlo al que gana.

 

Van a ver cuando dentre

a  zumbar en la armada

y a más de un altanero

lo haga arár con las guampas.

Por la fe que le tengo

he copao la parada

y pensar que a esta trenza

casi yego a tirarla.

 

Ahi lo tienen señores

pruebenló de payanca,

de bolcao, sobre el lomo,

de revés o a la rastra.

Quiero ver si hay alguno

con la juerza en las tabas

pa aguantar los cimbrones

de estas once brazadas.

 

A Silga y Pala

Cuando enrojece la aurora

al degollar las estrellas

sobre la lonja lobuna

rumbo a la costa navega

y se viene derechito

como cortando una melga

dando vuelta marejadas

el pecho de su nutriera.

 

Trae en la pala el cansancio

de la noche espinelera

y en los ojos todo el sueño

de tanto pasarla en vela;

en el pulso los calambres

por no mezquinar la fuerza

y en los labios un chiflido

que se conoce a la legua.

 

Se le ganó tán adentro

el oficio de la pesca

que hasta dormido en el taco

suele caer a la ribera

y el cimbrón de la canoa

al varar contra la arena

vaya a saber de qué sueños

lo despierta cuando llega.

 

Silgador de soledades

espinelero de penas,

domador de correntadas

que aguas abajo lo llevan;

se le va yendo la vida

y tal vez ni se dio cuenta

por estar entretenido

jineteando esa madera.

Cocinerita de estancia

Si hay un Dios, que ha de haberlo

sigún jura la iglesia,

malo sea que un día

me lo cruce en la senda;

al igual que a mi guacho

lo viá alzar de la oreja

pa tenerlo en el aire

hasta que oiga mis penas.

 

¿O no ve que los pobres

se hacen guasca en la trenza

mientras tanto los ricos

se la pasan de fiesta?

¿O me mienten los curas

cuando voy a la iglesia

y me dicen que es justo