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Poemas XI a XX

Material compilado y revisado por la educadora argentina Nidia Cobiella (NidiaCobiella@RedArgentina.com)

 

Paridor del canto

Aquél que nació y no trajo

entre las venas el trino

se va a gastar ensayando

pa agenciarse de un estilo

y por más que le ponderen

las posturas y óido fino

en cuantito desembuche

le habrá de salir fruncido.

 

Todo está en el sentimiento

al momento de parirlo

después uno lo acomoda

pa hacerlo más dulce y lindo

y la gente se da cuenta

ni bien prepara el hocico

si al que canta no le duelen

las yagas de su vecino.

 

No habrá máistro que le enseñe

porque el canto no es oficio

ni se aprende en las escuelas

o en una pila de libros

el canto viene en la sangre

entre las carnes metido

y ande se tiemplan los nervios

brota en maduro racimo.

 

Ansí he visto a muchos de eyos

buscando abrirse camino

en algo que no es pa todos

sinó pa los elegidos

sólo Dios en su grandeza

le va a templar bien los hilos

si la chaira del aplauso

no dentra a meyarle el filo.

 

                  

Monte adentro

 

Asoma arisco por la picada

escucha atento ventiando el aire

y arranca al trote quebrando ramas

ni bien le yega el rumor del baile.

 

Trae los aromas de la madera

y el grito macho de los obrajes

astiyas duras de nuestros montes

sudores agrios y hachar de balde.

 

Encara firme, planta la taba,

blanquea los ojos buscando carne

y al rejucilo de su mirada

entre las hembras se arma el desbande.

 

No hay quien lo aguante cuando consigue

igual que un junco se hamaca suave

y por la cancha va desgranando

su estampa altiva de puro tape.

 

Músculo tenso con temple de hacha

áspero el habla de caña y mate

estirpe brava de montieleros

que ayer forjaron la patria grande.

 

 

La chuza del candidato

 

Viá preparar munición

olfatiando el entrevero

ya escucho gritar los teros

como a tiro de cañón

tengo que ser muy chambón

pa que me agarren dormido

porque nunca me descuido

y en cuestiones de topadas

a la primer clarinada

ya tengo el pié en el estribo.

 

Se alborota el avispero

al colazo de la iguana

y en cuestión de hablar macanas

todos se anotan primeros

como chancho criao con suero

son de chijete liviano

y por un puñao de grano

le entreveran los papeles

y al que ayer tuvo laureles

mañana lo hacen gusano.

Y otra vez el pueblo siente

la chuza del candidato

que en su discurso barato

es un lujo como miente

igual que en fierro caliente

machaca de tal manera

con su promesa rastrera

que uno cansao de sermones

al yegar las elecciones

le encaja el voto a cualquiera.

 

Total enfrene al que enfrene

apenas lo aten al carro

dentra a zarandear el tarro

pa ver cuanta plata tiene

y después si mal no viene

cuando alguno le protesta

nunca falta quien lo acuesta

por más que tenga razón

usar la Constitución

parece que los molesta.

Ninguno le da importancia

que el pobre peón se deslome

mientras no duerme ni come

otros se compran estancia,

a pesar de mi ignorancia

los conozco por la traza

burros que ni tenían grasa

pa hacer una torta asada

andan de cola parada

con güen auto y linda casa.

 

Y de ande sale esa chala

si no es del sudor ajeno

uno se traga el veneno

mientras el otro amorrala

ansí me muera en la mala

sin tener un alivéo

no viá entrar en su rodeo

porque no tengo señal

y como todo bagual

si me buscan corcoveo.

Por eso es que los espero

con el garrón como estaca

cuando mi razón se empaca

sólo la banca mi cuero

y si por ser tan sincero

alguien se siente molesto

sepan que nunca me acuesto

con el lujo y la abundancia

total morir en la estancia

da lo mismo que en el puesto.

 Entre el sol y las estreyas

Va a ser linda la carrera

cuando dentren a la cancha

el de ajuera trae laureles,

muchos premios y medayas,

ande quiera se presenta

levanta su güena chala

y la gente que va a verlo

cada vez le hace más fama.

 

El de aquí tampoco es malo

en el pago copa y banca

pero tiene sus problemas

salió duro de quijada

y entre el calor del aplauso

de aqueyos que sienten de alma

se ha ganao sus enemigos

por decir lo que otros cayan.

 

Ande habrán de ir los cantores

si no escupen cuando cantan

toda la yel de su pueblo

que es cada vez más amarga

y entre el frío de las latas

de la música importada

no hacen arder los fogones

con el calor de una zamba.

 

Aunque traigan el lomiyo

yeno de estreyas y rayas

aquí los espera el sol

de nuestra celeste y blanca

y al subir al escenario

sin pedir ni dar ventaja

vamos a ver compañero

quién hace temblar las tablas.

Cosas de muchacho

Siempre jué medio alocao

pero más de ahi no pasaba

tal vez tenía esos arranques

por los vicios de la crianza

se hizo mozo y un güen día

en un domingo de taba

pareció buscar la güelta

pa hacer su primer macana.

 

Se estaba jugando mucho

entre muy pocas palabras

y al yegar lo recibieron

miradas turbias de caña

se le prendió a una boteya

remojando la garganta

tan seca como su cinto

pa copar una parada.

 

Había güenos tiradores

sin salirse de la raya

de ruleta o güelta y media

era clavada y clavada

soplaba un aire caliente

el de la chispa sudaba

corriendo de un lao pal otro

amorralando la plata.

 

Ya se alzaban nubarrones

en las mentes afiebradas

facones y verijeros

se movían entre las vainas

y al tiempo que los trabucos

diban calentando balas

no tuvo mejor idea

que manotiarles la taba.

 

-Señores -dijo sonriendo-

-se terminó la jugada

asigún mi parecer

ya se habrán sacao las ganas

es güeno que cada uno

enderiese pa su casa

no sin antes convenir

el horario pa mañana-.

 

Los dejó a todos más fríos

que en un invierno sin manta

y ya se armó la de a pié

meta lonja y puñalada

hasta que en la polvadera

el relumbrar de una daga

se apagó en un corazón

como se apaga una brasa.

 

Se sofrenó la trifulca

un cuerpo cayó de espaldas

hubo un profundo silencio

quebrao por unas boquiadas

la tierra se jué asentando

y en lo pelao de la cancha

quedó tendida una prueba

de bromas que salen caras.

 

Dulzor y Sancocho

 

Empezó, como cualquiera

siendo apenas un borrego,

templaba lindo el mocoso

y entonaba más o menos.

Cuando ya jué mayorcito

le cambió flauta al garguero

y destapó una vertiente

echando a correr sus versos.

 

Jué río, zanjón, laguna,

ensenada, arroyo, estero,

tupido monte o llanura,

montaña, mar y desierto

y en bravas amanecidas

con muchos cantores güenos

desgranó pa los aplausos

todo el dulzor de su acento.

 

Pero siempre lo ladiaron

de los salones del centro,

tal vez porque su guitarra

tráiba música del pueblo.

Naide entropiya baguales

si no responden al freno 

y a muchos no les conviene

que les ventilen secretos.

 

Sin embargo pueden verse

sancochos en caldo espeso

que no le hacen asco a nada

con tal de estar en el juego.

Alguien tendrá que explicarme

porqué todo lo que es nuestro

pa que dentren unas papas

queda ajuera del puchero.

 

Por tu colmena

 

Aquí vuelvo sediento

de tus tiernos panales

pa aliviar con guarapos

mi destino andador

y tu tibia colmena

enjambrando mis males

me hace dulce el camino

recordando tu amor.

 

Voy cambiando caballos

y aliviano morrales

pa salir al galope

con mi pingo mejor

me perfuman la noche

florecidos rosales

y mi apuro se moja

con espuma y sudor.

 

Clavo espuelas sin asco

al cruzar pastizales

el bañao, la montaña

y el arroyo cantor.

En las patas veloces

de mis fieles baguales

me he jugao esta carta

de yegar con el sol.

 

Ya se tiñe la aurora

despertando trigales

y el azul de los linos

reventando en la flor.

Mientras tiemblo impaciente

al cruzar tus umbrales,

me desbordan las ganas

de abrazarme con vos.

 

Llagas

 

No mendigues pequeño

por favor te lo pido

que me siento culpable

de este mundo mezquino;

como todos los padres

debo criar a mis hijos

y en mi casa no sobran

más que platos vacíos.

 

En tu mano tendida

veo el triste camino

que se tuerce y termina

en la senda del vicio;

nunca faltan aquéllos

que fingiéndose amigos

te conviertan la vida

en dolor y martirio.

 

Y después será tarde

para llantos y gritos

cuando pongan un arma

en tu mano de niño;

y desprecies al mundo

por el polvo maldito

que envenena tu mente

de salvaje delirio.

 

Yo conozco la falta

de tibieza en el nido

y las púas del hambre

cuando calan los fríos;

también sé que hay banquetes

con manjares y vinos

donde gente muy rica

ni sabrá que existimos.

 

No les des con el gusto

de entregarte vencido

la limosna lastima

sin mostrar el cuchillo;

aunque suene soberbio

el orgullo es más limpio

y el sudor del trabajo

tiene un gusto más lindo.  

Medio diablo

Alumbrao por la luz mala

hace nido en las taperas

su cabayo es un oscuro

como la noche más negra

del recao y de las pilchas

por todas partes le cuelgan

payeses y brujerías

con gualichos pa las hembras.

 

Y cuando dentra a un bailongo

ahíjuna, tienen que verlas

se atropeyan y a los gritos

enseguida lo rodean

unas, le piden un beso

otras, que baile con eyas

y nunca falta la moza

que de rodiyas le ruega.

 

Ningún varón se le planta

ni ansí le saque la prienda

y al lao de él se siente un tufo

como de abajo 'e la tierra;

en ocasiones se escucha

el ruido de sus espuelas

cuando viene caminando

sin que ninguno lo vea.

 

Al yegar la madrugada

antes de irse las estreyas

con la más linda en las ancas

muenta y al tranco se aleja

y entre el auyar de los perros

varias mujeres comentan

-pobrecita la muchacha

tan güena y decente que era-.

Guarapos lechiguaneros

Un día le yegó al rancho

como quien cae de visita

y ahí nomás de regalona

se le subió a las rodiyas.

Las toscas manos del crioyo

la enyenaron de caricias

y dende entonces los dos

jueron yunta concebida.

 

Los vieron en las bailantas

desgranando melodias

o durmiendo a campo raso

marchitando la gramiya.

Él, borracho por el vino

eya, de música y risas

se arroyaban en el poncho

hasta que al fin se dormían.

 

Él le arrancó de la entraña

con cada nota sentida

guarapos lechiguaneros

de los montes y las islas,

y en la dulce bendición

que le dio Santa Cecilia

encerró al arisco viento

pa soltarlo en armonía.

 

Mirenlá, si no es pa verla

con la gracia que se estira

yamando a la concurrencia

al rezongar por la herida

y él entregao a su antojo

se hamaca suave y se inclina

como agradeciendo al cielo

la suerte que yeva encima.

 

Ese es el músico nuestro

y su cordiona es la misma

más gastadora de engrudo

que el cura de agua bendita

y cuando el tiempo les yegue

por esa ley de la vida

seguro que Tata Dios

ya está esperando en la pista.

 

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