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Poemas XXI a XXX

Material compilado y revisado por la educadora argentina Nidia Cobiella (NidiaCobiella@RedArgentina.com)

 

Bien de cerca

Traigo mi canto estreyero

encandilando la senda

resplandor de rejucilo

en medio de la tormenta

reventando la garganta

hasta que el viento de güelta

y el pueblo olfatiando el aire

dentre a parar las orejas.

 

Y arrimándose despacio

yegue a ponerse tan cerca

que tiemble al oir la guitarra

cuando su cantor la tiempla

entonces sabrá decirles

a los que vienen de ajuera

con orguyo de argentino

por qué me paga las cuerdas.

 

La sangre nunca se vende

por grande que sea la oferta

y saca de ande no tiene

pa bancarse lo que venga

ningún hijo va a tener

mejor marca que la herencia

y jamás se planta un árbol

dejando la rái ajuera.

 

Anda la sombra del indio

vagando como alma en pena

enjuagándose en la lluvia

pa lavarse la vergüenza

y los nietos del verdugo

pa silenciar la conciencia

después de quinientos años

se emborrachan y festejan.

 

Esta tierra fue el crisol

ande fundieron sus venas

y engendraron ese gaucho

que hasta la historia lo niega;

ayudó a parir la patria

sin pedirle nada a cuenta,

tal vez se lo reconozcan

cuando el último se muera.

Don Moreira -alambrador-

Ayá viene Don Moreira

sin el pisón y la pala

ensayando un medio trote

como liebre carreriada.

Es domingo y ha dejao

el alambre y la tenaza

pa levantar del bolicho

un peludo con la yapa.

 

Más de un mes que no venía

pero este fin de semana

agarró y cortando campo

enderezó pa las casas

jamás lo he visto a cabayo

como no juera en la tranca

y lo mismo le resulta

rastrojo que tierra arada.

 

Conoce mejor que el dueño

el mojón de cada estancia

y ande planta la bandera

difícil que erre la marca

lo nombran los esquineros

los palenques y las mangas

y hasta el liso y el de púa

pareciera que le cantan.

 

Cualquier torniquete sabe

lo que siente cuando alambra

porque entre güeltas y güeltas

trae las penas a la rastra

y el ojo de la manea

lo mira con sus lagañas

como diciendo, patrón

estire, que el palo aguanta.

 

Papa y ceboya

 

Cada vez estoy más flaco

con olor a cementerio

no tengo ni pa remedio

una chirola en el saco

y por más que me le empaco

endureciendo el carriyo,

el hambre con su cuchiyo

me revuelve las entrañas

y aunque siempre me dí maña

esta vez no es tan senciyo.

 

Me vine pa la ciudá

ni me acuerdo por qué jué

y deslumbrao me quedé

al ver tanta novedá

anduve de aquí pa ayá

hasta que pude alquilar

y ya dentré a trabajar

pa poder parar la oya

una papa, dos ceboyas

y algún zoquete al pasar.

 

Pero me he pelao la frente

aquí no alcanza la plata

si alguna cosa es barata

seguro que no es decente.

La isla es muy diferente

uno la pasa contento

con la salmuera a los tientos

cuando el hombre no es chambón

pa pegarse un atracón

cualquier bicho es alimento.

 

Me parece andar mojao

laguneando con la fija

el agua hasta las verijas

 y alzar un bagre ensartao

o gateando en el bañao

la bandada de crestones

campeando en los albardones

a la arisca gayineta

o sentao en una horqueta

esperando los rabones.

 

Ya estoy mirando pa ajuera

y a lo mejor, si me apuro

antes de que se haga oscuro

voy a estar en la ribera

no hay manea garronera

que detenga mi partida

ni bozal a mi medida

porque nací sentador

aquí vivirán mejor

pero pa mí esto no es vida.

Escuela de monte

Apadrino mi canto

con la fe de la crianza

y este chúcaro antojo

de decir lo que siento

pa mostrarle a cualquiera

que la sangre me manda

y que tengo mi escuela

sin ser máistro ni léido.

 

Desde el fondo del monte

remonté mi esperanza

pa asentarla en la copa

sofrenando su vuelo

y por esa costumbre

de tenerme confianza

no me escuendo de naide

ni preciso laderos.

 

Pa decir las verdades

no hace falta garganta

cuando sobran razones

hablan más los silencios

y en la eterna porfía

de inclinar la balanza

me han de hayar en los ranchos

con los gramos de un verso.

 

Degoyé pa los perros

el poder y la fama

y en la mano tendida

como siempre me ofrezco

despreciando ambiciones

que envenenan el alma

le agradezco a la vida

por lo poco que tengo.

 

Pero Dios en su altura

me ha encajao esta yama

pa encender los fogones

que apagaron los miedos.

Me hizo rico de golpe

y hoy me sobran las brasas

pa entibiar como nunca

la ilusión de los sueños.

Chuzco y Basta

 

Yo le traigo patrona

un rosario de estreyas,

y un vestido de nubes

con encajes y sedas,

un anillo de luna

mas briyante que perlas

y del sol, la corona

pa que luzca una reina.

 

Se me ha puesto en el mate

el hacerla mi dueña

y no encuentro palabras

que al final la convenzan;

si me acepta el convite

viá arreglarme las cuentas

con el juez, y el ministro

pal civil y la iglesia.

 

Y en las ancas del bayo

por la plaza y la feria

viá pasearla al tranquito

pa que todos la vean;

va haber carne a lo guaso

mucho vino y giñebra

y no habrá en todo el pago

quien no caiga a la fiesta.  

 

A mi rancho costero

aunque no es de primera

si no es muy pretenciosa

no le falta una jerga;

tiene cama blandita

pa estirarse a la siesta

y después que yeguemos

le comento si hay yerba.

 

Bién mirao, no soy fiero

ni me falta guapeza

pa atracarme al baboso

que codicie sus trenzas,

si no tiene otros planes

y por ahi le interesa

dificulto que alguno

le mejore esta oferta.

 

Cuestión de suerte

 

Por quedar guacho de entrada

desde chico mascó tierra,

se crió como cualquier yuyo

sin que nunca lo atendieran;

naide regó de cariño

su miserable existencia

y los chirlos de la vida

lo hicieron hombre a la juerza.

 

Trabajó en muchas estancias

conchabao en lo que juera,

jamás salió de sus labios

el rezongo de una queja.

Al tiempo compró un campito

se armó de un par de lecheras

y un picaso medio viejo

al que apodó "El Comadreja".

 

Por ahi, consiguió una china,

echó en arriendo las penas

y en un truco bién reñido

cambió las malas por güenas.

Yegó a pensar que la taba

ya no se le iba a dar güelta

pero otra vez la disgracia

le vino a golpiar la puerta.

 

Vaya a saber de qué males

la patrona cayó enferma

y entre farmacia y dotores

empeñó hasta la vergüenza;

no hubo Cristo de salvarla,

se le jué en la  primavera

entre pimpoyos y flores

un cajón y cuatro velas.

 

Aura cái a los bolichos

busca un rincón y se sienta,

nunca falta un conocido

que le arrime una boteya.

Por toda conversación

suele oirse que comenta

como dando explicaciones

"La suerte, no es pa cualquiera".

Zaranda y Balcón

Tal vez mi canto no llegue

ni a moverlo del asiento

pero hay veces, que me tiento

a probar, si lo consigo

y hoy pongo a Dios por testigo

de jugarme en el intento.

 

Pa descolgarme le aclaro

los motivos de mi queja

la injusticia por ser vieja

siempre me ganó de mano

pero a veces hay gusanos

que entreveran la madeja.

 

Cada rancho es un ejemplo

de esperanza sin medida

con la cumbrera vencida

de aguantar año tras año

promesas y desengaños

privaciones y mentiras.

Todo el que llega al balcón

y se afirma en la baranda

se ha de pensar porque manda

ser dueño de la razón

pero yo soy un terrón

que no dentra en la zaranda.

 

Jamás he marcao el paso

menos, pal lao de las rejas

y mezquinando la oreja

a cualquiera me le empaco

prefiero ser burro flaco

antes que gordo y oveja.

 

Si Tata Dios me ilumina

de su altura soberana

no me han de faltar las ganas

por lo menos mientras viva

ni viá pijotiar saliva

pa toriar la lechiguana.

 

Y en la orfandá de esta senda

viá seguir hasta que muera

aguantando la salmuera

sin dentrar en componenda

le tengo asco al que se arrienda

pa doblarnos la cumbrera.

Cadenas de Ausencia

A quién le voy a cantar

si no le canto a esa tierra

donde dormida descansa

la raíz de mi existencia,

esa misma que brotara

entre cardales y piedras

floreciendo en esperanza

regada por savia nueva.

 

Vaya a saber de qué río

con sus crecientes me llega

este arroyo musiquero

serpenteandome en las venas

y como un antiguo hechizo

de la selva montielera

se me rebalsa en el alma

cuando la música suena.

 

No sé qué tiene Entre Ríos

pero tenga lo que tenga

todo aquél que la conozca

ha de sentir sus cadenas

y abrazado a la nostalgia,

soñando pegar la vuelta,

cada vez que se la nombran

siente más brava la ausencia

               

Cada loma es un mangrullo,

cada bajo una trinchera

y en el verde de sus montes

toda la calma se encuentra;

por eso en las ocasiones

cuando el indio se despierta

me pregunto qué hago lejos

con tantas ganas de verla.

 

Yaga y salmuera

 

Si no me manco en el viaje

entre tantas vizcacheras

viá yegar a su tranquera

sin que ninguno me ataje

no hago alarde de coraje

ni me agrando en la postura

pero me sobran achuras

pa tirarle a la perrada

que gruñen en las carniadas

a una distancia segura.

 

Sé que voy pal matadero

como todo ser viviente

pero hay muertes diferentes

entre toros y corderos;

me cuento entre los primeros

por empacao y curtido

no sangro a los que han subido

igual que las garrapatas

ni ando colgao de la pata

desparramando balidos.

 

No envidio triunfos ajenos

ni me acoyaro al que gana

le tengo alergia a la lana

y de cuentos estoy yeno

conozco bien el terreno

ande mueven las palancas

de los que copan y bancan

caprichos, vicios y gustos

y uno siempre con lo justo

no yega ni pa una tranca.

 

Tengo yagas recocidas

que no cura la salmuera

pero no se haya ande quiera

un bozal a mi medida

porque mientras tenga vida

y un resueyo en el garguero

viá enancarme en el pampero

yevando mi rebeldia

hasta que me yegue el día

o alguno reclame el cuero.

 

Y ande afirme los pichicos

si aguantan mis coyunturas

no habrá carretiya dura

pa hacerla arar con el pico;

siendo tan pobre soy rico

porque no preciso nada

y en las noches estreyadas

me marca rumbo el lucero,

si un día pierdo el sendero

viá dejar la rastriyada.

Casi nada

Mientras a gatas me quede

una cuerda en la garganta

la viá templar bien arriba

pa que se oiga a la distancia

y antes que el sol se me apague

al tronar de la campana

yenaré los surcos nuevos

con semiyas de palabras.

 

Nací junto con la historia

de esta América violada

cuando el pirata extranjero

clavó en su vientre las garras.

Tengo todos los derechos

por herencia de la raza

y sin embargo parezco

el guacho de alguna estancia.

 

Me vieron los entreveros

en las puntas de las lanzas;

en zumbos de boleadoras

y en el tropel de la carga.

Anduve a lomo de mula

jinetiando la montaña

y me tocó ser padrino

al bautismo de la patria.

 

Más tarde, al clavar la reja

usé la misma tacuara

pa marcar lonjas derechas

en melgas de tierra arada

y me dio tanta vergüenza

ver alambrada la pampa

que voy muriendo de a poco

como muere una esperanza.

 

Por eso levanto el grito

reventando la mordaza

porque soy tan argentino

como es la celeste y blanca;

más orejano que el viento

no tengo dueño ni marca

y aunque a muchos no les guste

soy el gaucho, casi nada.

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