Bien
de cerca
Traigo
mi canto estreyero
encandilando
la senda
resplandor
de rejucilo
en
medio de la tormenta
reventando
la garganta
hasta
que el viento de güelta
y
el pueblo olfatiando el aire
dentre
a parar las orejas.
Y
arrimándose despacio
yegue
a ponerse tan cerca
que
tiemble al oir la guitarra
cuando
su cantor la tiempla
entonces
sabrá decirles
a
los que vienen de ajuera
con
orguyo de argentino
por
qué me paga las cuerdas.
La
sangre nunca se vende
por
grande que sea la oferta
y
saca de ande no tiene
pa
bancarse lo que venga
ningún
hijo va a tener
mejor
marca que la herencia
y
jamás se planta un árbol
dejando
la rái ajuera.
Anda
la sombra del indio
vagando
como alma en pena
enjuagándose
en la lluvia
pa
lavarse la vergüenza
y
los nietos del verdugo
pa
silenciar la conciencia
después
de quinientos años
se
emborrachan y festejan.
Esta
tierra fue el crisol
ande
fundieron sus venas
y
engendraron ese gaucho
que
hasta la historia lo niega;
ayudó
a parir la patria
sin
pedirle nada a cuenta,
tal
vez se lo reconozcan
cuando
el último se muera.
Don
Moreira -alambrador-
Ayá
viene Don Moreira
sin
el pisón y la pala
ensayando
un medio trote
como
liebre carreriada.
Es
domingo y ha dejao
el
alambre y la tenaza
pa
levantar del bolicho
un
peludo con la yapa.
Más
de un mes que no venía
pero
este fin de semana
agarró
y cortando campo
enderezó
pa las casas
jamás
lo he visto a cabayo
como
no juera en la tranca
y
lo mismo le resulta
rastrojo
que tierra arada.
Conoce
mejor que el dueño
el
mojón de cada estancia
y
ande planta la bandera
difícil
que erre la marca
lo
nombran los esquineros
los
palenques y las mangas
y
hasta el liso y el de púa
pareciera
que le cantan.
Cualquier
torniquete sabe
lo
que siente cuando alambra
porque
entre güeltas y güeltas
trae
las penas a la rastra
y
el ojo de la manea
lo
mira con sus lagañas
como
diciendo, patrón
estire,
que el palo aguanta.
Papa
y ceboya
Cada
vez estoy más flaco
con
olor a cementerio
no
tengo ni pa remedio
una
chirola en el saco
y
por más que me le empaco
endureciendo
el carriyo,
el
hambre con su cuchiyo
me
revuelve las entrañas
y
aunque siempre me dí maña
esta
vez no es tan senciyo.
Me
vine pa la ciudá
ni
me acuerdo por qué jué
y
deslumbrao me quedé
al
ver tanta novedá
anduve
de aquí pa ayá
hasta
que pude alquilar
y
ya dentré a trabajar
pa
poder parar la oya
una
papa, dos ceboyas
y
algún zoquete al pasar.
Pero
me he pelao la frente
aquí
no alcanza la plata
si
alguna cosa es barata
seguro
que no es decente.
La
isla es muy diferente
uno
la pasa contento
con
la salmuera a los tientos
cuando
el hombre no es chambón
pa
pegarse un atracón
cualquier
bicho es alimento.
Me
parece andar mojao
laguneando
con la fija
el
agua hasta las verijas
y
alzar un bagre ensartao
o
gateando en el bañao
la
bandada de crestones
campeando
en los albardones
a
la arisca gayineta
o
sentao en una horqueta
esperando
los rabones.
Ya
estoy mirando pa ajuera
y
a lo mejor, si me apuro
antes
de que se haga oscuro
voy
a estar en la ribera
no
hay manea garronera
que
detenga mi partida
ni
bozal a mi medida
porque
nací sentador
aquí
vivirán mejor
pero
pa mí esto no es vida.
Escuela
de monte
Apadrino
mi canto
con
la fe de la crianza
y
este chúcaro antojo
de
decir lo que siento
pa
mostrarle a cualquiera
que
la sangre me manda
y
que tengo mi escuela
sin
ser máistro ni léido.
Desde
el fondo del monte
remonté
mi esperanza
pa
asentarla en la copa
sofrenando
su vuelo
y
por esa costumbre
de
tenerme confianza
no
me escuendo de naide
ni
preciso laderos.
Pa
decir las verdades
no
hace falta garganta
cuando
sobran razones
hablan
más los silencios
y
en la eterna porfía
de
inclinar la balanza
me
han de hayar en los ranchos
con
los gramos de un verso.
Degoyé
pa los perros
el
poder y la fama
y
en la mano tendida
como
siempre me ofrezco
despreciando
ambiciones
que
envenenan el alma
le
agradezco a la vida
por
lo poco que tengo.
Pero
Dios en su altura
me
ha encajao esta yama
pa
encender los fogones
que
apagaron los miedos.
Me
hizo rico de golpe
y
hoy me sobran las brasas
pa
entibiar como nunca
la
ilusión de los sueños.
Chuzco
y Basta
Yo
le traigo patrona
un
rosario de estreyas,
y
un vestido de nubes
con
encajes y sedas,
un
anillo de luna
mas
briyante que perlas
y
del sol, la corona
pa
que luzca una reina.
Se
me ha puesto en el mate
el
hacerla mi dueña
y
no encuentro palabras
que
al final la convenzan;
si
me acepta el convite
viá
arreglarme las cuentas
con
el juez, y el ministro
pal
civil y la iglesia.
Y
en las ancas del bayo
por
la plaza y la feria
viá
pasearla al tranquito
pa
que todos la vean;
va
haber carne a lo guaso
mucho
vino y giñebra
y
no habrá en todo el pago
quien
no caiga a la fiesta.
A
mi rancho costero
aunque
no es de primera
si
no es muy pretenciosa
no
le falta una jerga;
tiene
cama blandita
pa
estirarse a la siesta
y
después que yeguemos
le
comento si hay yerba.
Bién
mirao, no soy fiero
ni
me falta guapeza
pa
atracarme al baboso
que
codicie sus trenzas,
si
no tiene otros planes
y
por ahi le interesa
dificulto
que alguno
le
mejore esta oferta.
Cuestión
de suerte
Por
quedar guacho de entrada
desde
chico mascó tierra,
se
crió como cualquier yuyo
sin
que nunca lo atendieran;
naide
regó de cariño
su
miserable existencia
y
los chirlos de la vida
lo
hicieron hombre a la juerza.
Trabajó
en muchas estancias
conchabao
en lo que juera,
jamás
salió de sus labios
el
rezongo de una queja.
Al
tiempo compró un campito
se
armó de un par de lecheras
y
un picaso medio viejo
al
que apodó "El Comadreja".
Por
ahi, consiguió una china,
echó
en arriendo las penas
y
en un truco bién reñido
cambió
las malas por güenas.
Yegó
a pensar que la taba
ya
no se le iba a dar güelta
pero
otra vez la disgracia
le
vino a golpiar la puerta.
Vaya
a saber de qué males
la
patrona cayó enferma
y
entre farmacia y dotores
empeñó
hasta la vergüenza;
no
hubo Cristo de salvarla,
se
le jué en la primavera
entre
pimpoyos y flores
un
cajón y cuatro velas.
Aura
cái a los bolichos
busca
un rincón y se sienta,
nunca
falta un conocido
que
le arrime una boteya.
Por
toda conversación
suele
oirse que comenta
como
dando explicaciones
"La
suerte, no es pa cualquiera".
Zaranda
y Balcón
Tal
vez mi canto no llegue
ni
a moverlo del asiento
pero
hay veces, que me tiento
a
probar, si lo consigo
y
hoy pongo a Dios por testigo
de
jugarme en el intento.
Pa
descolgarme le aclaro
los
motivos de mi queja
la
injusticia por ser vieja
siempre
me ganó de mano
pero
a veces hay gusanos
que
entreveran la madeja.
Cada
rancho es un ejemplo
de
esperanza sin medida
con
la cumbrera vencida
de
aguantar año tras año
promesas
y desengaños
privaciones
y mentiras.
Todo
el que llega al balcón
y
se afirma en la baranda
se
ha de pensar porque manda
ser
dueño de la razón
pero
yo soy un terrón
que
no dentra en la zaranda.
Jamás
he marcao el paso
menos,
pal lao de las rejas
y
mezquinando la oreja
a
cualquiera me le empaco
prefiero
ser burro flaco
antes
que gordo y oveja.
Si
Tata Dios me ilumina
de
su altura soberana
no
me han de faltar las ganas
por
lo menos mientras viva
ni
viá pijotiar saliva
pa
toriar la lechiguana.
Y
en la orfandá de esta senda
viá
seguir hasta que muera
aguantando
la salmuera
sin
dentrar en componenda
le
tengo asco al que se arrienda
pa
doblarnos la cumbrera.
Cadenas
de Ausencia
A
quién le voy a cantar
si
no le canto a esa tierra
donde
dormida descansa
la
raíz de mi existencia,
esa
misma que brotara
entre
cardales y piedras
floreciendo
en esperanza
regada
por savia nueva.
Vaya
a saber de qué río
con
sus crecientes me llega
este
arroyo musiquero
serpenteandome
en las venas
y
como un antiguo hechizo
de
la selva montielera
se
me rebalsa en el alma
cuando
la música suena.
No
sé qué tiene Entre Ríos
pero
tenga lo que tenga
todo
aquél que la conozca
ha
de sentir sus cadenas
y
abrazado a la nostalgia,
soñando
pegar la vuelta,
cada
vez que se la nombran
siente
más brava la ausencia
Cada
loma es un mangrullo,
cada
bajo una trinchera
y
en el verde de sus montes
toda
la calma se encuentra;
por
eso en las ocasiones
cuando
el indio se despierta
me
pregunto qué hago lejos
con
tantas ganas de verla.
Yaga
y salmuera
Si
no me manco en el viaje
entre
tantas vizcacheras
viá
yegar a su tranquera
sin
que ninguno me ataje
no
hago alarde de coraje
ni
me agrando en la postura
pero
me sobran achuras
pa
tirarle a la perrada
que
gruñen en las carniadas
a
una distancia segura.
Sé
que voy pal matadero
como
todo ser viviente
pero
hay muertes diferentes
entre
toros y corderos;
me
cuento entre los primeros
por
empacao y curtido
no
sangro a los que han subido
igual
que las garrapatas
ni
ando colgao de la pata
desparramando
balidos.
No
envidio triunfos ajenos
ni
me acoyaro al que gana
le
tengo alergia a la lana
y
de cuentos estoy yeno
conozco
bien el terreno
ande
mueven las palancas
de
los que copan y bancan
caprichos,
vicios y gustos
y
uno siempre con lo justo
no
yega ni pa una tranca.
Tengo
yagas recocidas
que
no cura la salmuera
pero
no se haya ande quiera
un
bozal a mi medida
porque
mientras tenga vida
y
un resueyo en el garguero
viá
enancarme en el pampero
yevando
mi rebeldia
hasta
que me yegue el día
o
alguno reclame el cuero.
Y
ande afirme los pichicos
si
aguantan mis coyunturas
no
habrá carretiya dura
pa
hacerla arar con el pico;
siendo
tan pobre soy rico
porque
no preciso nada
y
en las noches estreyadas
me
marca rumbo el lucero,
si
un día pierdo el sendero
viá
dejar la rastriyada.
Casi
nada
Mientras
a gatas me quede
una
cuerda en la garganta
la
viá templar bien arriba
pa
que se oiga a la distancia
y
antes que el sol se me apague
al
tronar de la campana
yenaré
los surcos nuevos
con
semiyas de palabras.
Nací
junto con la historia
de
esta América violada
cuando
el pirata extranjero
clavó
en su vientre las garras.
Tengo
todos los derechos
por
herencia de la raza
y
sin embargo parezco
el
guacho de alguna estancia.
Me
vieron los entreveros
en
las puntas de las lanzas;
en
zumbos de boleadoras
y
en el tropel de la carga.
Anduve
a lomo de mula
jinetiando
la montaña
y
me tocó ser padrino
al
bautismo de la patria.
Más
tarde, al clavar la reja
usé
la misma tacuara
pa
marcar lonjas derechas
en
melgas de tierra arada
y
me dio tanta vergüenza
ver
alambrada la pampa
que
voy muriendo de a poco
como
muere una esperanza.
Por
eso levanto el grito
reventando
la mordaza
porque
soy tan argentino
como
es la celeste y blanca;
más
orejano que el viento
no
tengo dueño ni marca
y
aunque a muchos no les guste
soy
el gaucho, casi nada.