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Poemas XXXI a XXXVIII

Material compilado y revisado por la educadora argentina Nidia Cobiella (NidiaCobiella@RedArgentina.com)

 

Sueños de hacha

 

Cabrestiando al cansancio

que lo trae a la rastra

yega al rancho rendido

tras la dura jornada

y después de enjuagarse

en un balde con agua

tatuciando el brasero

pone al juego la pava.

 

Y le dentra al amargo

como chancho a la sándia

hasta ver que la noche

en estreyas se cuaja.

Le han quedao de las doce

una tumba, unas papas

y las come despacio

alumbrao por las llamas.

 

Después cae el silencio;

hasta el juego se apaga

y se estira en el catre

mientras crujen las chalas.

El galope de un sueño

se lo lleva en las ancas

pa dejarlo en el monte

frente al árbol y el hacha.

 

Y de güelta ese embrujo,

quemazones de ramas,

el salvaje alarido

provocao por la caña.

Los calambres malditos

que ni a corcho se calman;

un infierno de espinas

y la rosca del yara.

 

Se dispierta de golpe;

¡ otra vez de mañana !

al final ni dormido

tan siquiera descansa

porque el monte es el monte

y en el sueño se gana

pa cobrarse en dolores

cada tronco que le hachan.  

Herencias criollas

Templao a soles y escarchas

salió sin meya en el filo,

cuando gurí jué boyero

diligente y comedido;

con el correr de los años

y al precisar un oficio

se le dio por ser soguero

como lo juera el padrino.

 

De muchacho ya mostraba

ser muy hábil pal cuchiyo

había que verlo lonjiando

o sacando un tiento fino,

le jué creciendo la fama

por esmerao y prolijo

y al poco tiempo las mentas

lo hicieron bien conocido.

 

Lazos, riendas, cabezadas,

maniadores y torcidos

rebenques, trenzas, retobos

hablaban de su apeyido;

yegó al punto que en el pago

no había un crioyo bien vestido

que no luciera sus guascas

al ensiyar los domingos.

 

 Se casó con la María

y ya tienen un par de hijos

y asegún los comentarios

el que pinta es el más chico,

cuando al padre se le escuchan

en la siesta los ronquidos

se refala entre el galpón

pa hacerle algún revoltijo.

 

No hay penitencia que valga

ni los retos, ni los chirlos

en cuantito se descuidan

anda otra vez en lo mismo

y alcanzándole un amargo

eya le dice al marido

     -seguro que vos no fuiste

más sabandija y dañino -.

 

Herencias que trae la sangre

en cada crioyo argentino

y florece en estos campos

entre talas y espiniyos,

no se apagan los candiles

habiendo grasa y pabilo

ni cualquiera tiene historia

hecha a lonja y a cuchiyo.

 

Cazador furtivo

 

Yo soy el que llevo el pulso

de los isleños

por el ancho litoral

y llego hasta la otra orilla

a pala y remo

doblegando al Paraná.

 

Los rumbos de mi canoa

tienen misterios

del tupido pajonal

y tengo tan solo al viento

por compañero

en la inmensa soledad.

 

Traigo en las venas la sangre altiva

y nadie dude que soy capaz

de hacerme tigre y perder la vida

si me atropellan la libertad.

 

Herencia grande de algún valiente

que ayer bajara del Iberá

y jineteando turbias corrientes

a chuza limpia ganó el juncal.

 

La noche cuaja en silencio

todo el estero

al chiflido del macá

y voy bajo las estrellas

cazando sueños

señor de la oscuridad.

 

Ninguno podrá quitarme

trampas y cueros

ni la misma autoridad

y el plomo de mi escopeta

carga el veneno

de la brava yarará.

 

Si no cobran por mentir

 

Aura que peino estas canas

y he respirao muchos vientos

no viá pecar si les cuento

algunas de mis macanas,

siempre se pierde o se gana

en cuestiones de mujeres

no hay plata, fama o poderes

que no tiemblen a su antojo

y a veces por un par de ojos

se sufren mil padeceres.

 

Ayá en mis años de mozo

aunque no era calavera

siempre tuve en la ganchera

más de un zoquete jugoso,

sin agregarle agua al pozo

ni presumir de padriyo

ande pasé dejé el triyo

y el yanto del mujeraje

cada vez que armaba viaje

ensiyando mi tordiyo.

 

En un velorio de santos

me relojió una chinita

más pura que agua bendita

yena de gracia y encanto

y yo que nunca me aguanto

le dentré arrastrando el ala;

resultó media baguala

pero al despuntar el día

bien mansita la tenía

conversando entre unos talas.

 

A unas fiestas patronales

yegué como en cuarentena

y entre rubias y morenas

le busqué alivio a mis males;

nunca falta la que sale

dispuesta pa lo que juera

y esa güelta una pueblera

vino a tirarse en mis brazos

suplicandome de paso

que le muestre una tapera.

 

Otra güelta en un remate

una rubia color trigo

se enojó tanto conmigo

que casi hago un disparate;

pateó el termo, tiró el mate

en un ataque de celos

y todo por un pañuelo

que me regaló otra moza;

he soportao cada cosa

que a veces no hayo consuelo.

 

Tranquié mucho en esta vida

con más güeltas que una noria,

voy perdiendo la memoria

y las cosas se me olvidan;

no les cuento las perdidas

pa que salga más barato.

Viá terminar mi relato

hasta hacer un nuevo intento,

si alguno piensa que miento

que me preste el zaino un rato.

¡Vamos !

Por vos traigo la guitarra

llena de sol y de sueños

por vos me largo al camino

con mi tropilla de versos

y aquí estamos mano a mano

respirando olor a trébol

borrachos de nuestro canto

sin jeringa de por medio.

 

Juventud de mi Argentina,

esperanza de mi pueblo

sólo el trabajo y la escuela

nos pueden templar parejo.

Mirá esta tierra bendita

que se entrega sin recelos

en cada espiga madura

como el mejor de los premios.

 

No hacen falta estimulantes

sólo basta el aire fresco

pa llenarnos la garganta

con un grito bien de adentro.

La ignorancia es un castigo

el saber es un derecho

y no hay mejor enseñanza

que tener un buen ejemplo.

 

Levantemos las banderas

del estudio y del esfuerzo

por la salud del mañana

por los hijos, por los nietos

escuchá cómo la sangre

te va diciendo en secreto

¡ Juventud de mi Argentina

vamos juntos, que podemos !

Los de fierro

Tengo dos por falta de uno,

son de fierro como amigos

y conocen de mi vida

tal vez más que Jesucristo;

les he contao casi todo

al calor del braserío

entre noches que se alargan

y el sueño se pone arisco.

 

No les hago preferencias,

cada cual tiene su estilo;

basta que el agua esté a punto

son igual, de comedidos.

En cuanto pongo la pava

ya preparan el hocico

y en el güeco de mi mano

viene a sentarse el que elijo.

 

Uno es oscuro, briyoso

bien retacón y petiso;

el otro bayo, lunanco

más cogotudo y flauchino,

pero no hace a las cuestiones

porque cualquiera que ensiyo

me rinde en la cebadura

hasta quedarme dormido.

  

Mientras repaso mi vida

en sus ojitos con briyo

me sé ver en ocasiones

tropiando por los caminos;

o saliendo de un bailongo

afirmao en el cuchiyo

con una chinita en ancas

ganada a planazo limpio.

 

Entre los dos me sacaron

la maña de ir al bolicho

cuando había cáido en desgracia

por la negrura del vicio

y en su amargor corajudo

encontré lo que preciso

más que en cualquier medicina

pa curarme los gualichos.

 

Por eso es que siempre tengo

en la mano el del estribo

porque no hay como un amargo

pa arreglar el triperío

les debo tantas gauchadas

al lunanco y al petiso

que no ha de haber más parejos

y de fierro, como amigos.

De palabra nomás

Vaya sacando la cuenta

mientras tiemplo más el agua

y rajuño en la yerbera

pa ensiyar bien esta guampa;

con la cuestión del velorio

entre pésames y charlas

no ha quedao más que el polviyo

y unos palos como ramas.

 

No quisiera ni acordarme;

si en vida de la finada

jamás me faltó la yerba

a no ser que se olvidara;

dispués con todo el asunto

de internación y farmacia

se achicaron las provistas

y dentró a escasiar la chala.

 

Ahi me cayeron con todo

igual que a zorro en la trampa,

primero jué el sanatorio

y dispués la funeraria.

Mal vendí lo que tenía

pa no andar debiendo nada

pero siempre queda un ñudo

cuando la cadena es larga.

 

Usté no tiene la culpa

yo sé que el banco lo manda

y cumplir con el trabajo

es ley, del que se conchaba

pero vaya de mi parte

digale al de la bancaria

que siempre pagué mis deudas

sin que naides me cobrara.

 

Y esta güelta también pago,

reste en la cuenta la chacra

y agreguele si es gustoso

cuantos ceros le hagan falta,

con tal que al final me quede

un mancarrón y una manta

pa largarme a los caminos

hasta que Dios diga basta.

 

No hace falta que me lean

ni que usté me firme nada;

los números y las letras

pa mí son patas de arañas.

Los papeles son papeles

y un crioyo nunca reclama

con un escrito mugriento

lo que ha entregao de palabra.

Firme en la horqueta

Hay viene otra vez bramando

con su turbia correntada

yevandosé por delante

toda mi fe y mi esperanza

atropeyándome el rancho

pechándolo con las tápias

como queriendo probarlo

hasta donde se la aguanta.

 

Y lo tiene al pobrecito

con mis cosas bajo el agua

zamarreándole los quinchos

hasta dejarlo sin paja;

menos mal que a mi canoa

ya la tengo acostumbrada

y encara sola pal zarzo

yevando el mate y la pava.

 

Saco las tardes enteras

entre amargos y pitadas

calculando bien la yerba

y el bulto de la guayaca

mientras miro darse güelta

con los troncos y las ramas

pedazos de algunos ranchos

quien sabe de qué barranca.

 

Cada tanto un terraplén

inmenso como una balsa

se yeva corriente abajo

cuanto bicho se le enanca

y yo firme en las horquetas

viá a esperar pa ver si baja

mientras me dure la yerba

y el timbó no se me caiga.

 

Pero en vez de aborrecerla

por la forma en que me trata

la quiero tanto a la isla

que no vivo si me falta

porque ajuera es todo igual

mucho asfalto, mucha casa

sin arroyo, sin canoa

ni creciente de las bravas.

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