Sueños
de hacha
Cabrestiando
al cansancio
que
lo trae a la rastra
yega
al rancho rendido
tras
la dura jornada
y
después de enjuagarse
en
un balde con agua
tatuciando
el brasero
pone
al juego la pava.
Y
le dentra al amargo
como
chancho a la sándia
hasta
ver que la noche
en
estreyas se cuaja.
Le
han quedao de las doce
una
tumba, unas papas
y
las come despacio
alumbrao
por las llamas.
Después
cae el silencio;
hasta
el juego se apaga
y
se estira en el catre
mientras
crujen las chalas.
El
galope de un sueño
se
lo lleva en las ancas
pa
dejarlo en el monte
frente
al árbol y el hacha.
Y
de güelta ese embrujo,
quemazones
de ramas,
el
salvaje alarido
provocao
por la caña.
Los
calambres malditos
que
ni a corcho se calman;
un
infierno de espinas
y
la rosca del yara.
Se
dispierta de golpe;
¡
otra vez de mañana !
al
final ni dormido
tan
siquiera descansa
porque
el monte es el monte
y
en el sueño se gana
pa
cobrarse en dolores
cada
tronco que le hachan.
Herencias
criollas
Templao
a soles y escarchas
salió
sin meya en el filo,
cuando
gurí jué boyero
diligente
y comedido;
con
el correr de los años
y
al precisar un oficio
se
le dio por ser soguero
como
lo juera el padrino.
De
muchacho ya mostraba
ser
muy hábil pal cuchiyo
había
que verlo lonjiando
o
sacando un tiento fino,
le
jué creciendo la fama
por
esmerao y prolijo
y
al poco tiempo las mentas
lo
hicieron bien conocido.
Lazos,
riendas, cabezadas,
maniadores
y torcidos
rebenques,
trenzas, retobos
hablaban
de su apeyido;
yegó
al punto que en el pago
no
había un crioyo bien vestido
que
no luciera sus guascas
al
ensiyar los domingos.
Se
casó con la María
y
ya tienen un par de hijos
y
asegún los comentarios
el
que pinta es el más chico,
cuando
al padre se le escuchan
en
la siesta los ronquidos
se
refala entre el galpón
pa
hacerle algún revoltijo.
No
hay penitencia que valga
ni
los retos, ni los chirlos
en
cuantito se descuidan
anda
otra vez en lo mismo
y
alcanzándole un amargo
eya
le dice al marido
-seguro que vos no fuiste
más
sabandija y dañino -.
Herencias
que trae la sangre
en
cada crioyo argentino
y
florece en estos campos
entre
talas y espiniyos,
no
se apagan los candiles
habiendo
grasa y pabilo
ni
cualquiera tiene historia
hecha
a lonja y a cuchiyo.
Cazador
furtivo
Yo
soy el que llevo el pulso
de
los isleños
por
el ancho litoral
y
llego hasta la otra orilla
a
pala y remo
doblegando
al Paraná.
Los
rumbos de mi canoa
tienen
misterios
del
tupido pajonal
y
tengo tan solo al viento
por
compañero
en
la inmensa soledad.
Traigo
en las venas la sangre altiva
y
nadie dude que soy capaz
de
hacerme tigre y perder la vida
si
me atropellan la libertad.
Herencia
grande de algún valiente
que
ayer bajara del Iberá
y
jineteando turbias corrientes
a
chuza limpia ganó el juncal.
La
noche cuaja en silencio
todo
el estero
al
chiflido del macá
y
voy bajo las estrellas
cazando
sueños
señor
de la oscuridad.
Ninguno
podrá quitarme
trampas
y cueros
ni
la misma autoridad
y
el plomo de mi escopeta
carga
el veneno
de
la brava yarará.
Si
no cobran por mentir
Aura
que peino estas canas
y
he respirao muchos vientos
no
viá pecar si les cuento
algunas
de mis macanas,
siempre
se pierde o se gana
en
cuestiones de mujeres
no
hay plata, fama o poderes
que
no tiemblen a su antojo
y
a veces por un par de ojos
se
sufren mil padeceres.
Ayá
en mis años de mozo
aunque
no era calavera
siempre
tuve en la ganchera
más
de un zoquete jugoso,
sin
agregarle agua al pozo
ni
presumir de padriyo
ande
pasé dejé el triyo
y
el yanto del mujeraje
cada
vez que armaba viaje
ensiyando
mi tordiyo.
En
un velorio de santos
me
relojió una chinita
más
pura que agua bendita
yena
de gracia y encanto
y
yo que nunca me aguanto
le
dentré arrastrando el ala;
resultó
media baguala
pero
al despuntar el día
bien
mansita la tenía
conversando
entre unos talas.
A
unas fiestas patronales
yegué
como en cuarentena
y
entre rubias y morenas
le
busqué alivio a mis males;
nunca
falta la que sale
dispuesta
pa lo que juera
y
esa güelta una pueblera
vino
a tirarse en mis brazos
suplicandome
de paso
que
le muestre una tapera.
Otra
güelta en un remate
una
rubia color trigo
se
enojó tanto conmigo
que
casi hago un disparate;
pateó
el termo, tiró el mate
en
un ataque de celos
y
todo por un pañuelo
que
me regaló otra moza;
he
soportao cada cosa
que
a veces no hayo consuelo.
Tranquié
mucho en esta vida
con
más güeltas que una noria,
voy
perdiendo la memoria
y
las cosas se me olvidan;
no
les cuento las perdidas
pa
que salga más barato.
Viá
terminar mi relato
hasta
hacer un nuevo intento,
si
alguno piensa que miento
que
me preste el zaino un rato.
¡Vamos
!
Por
vos traigo la guitarra
llena
de sol y de sueños
por
vos me largo al camino
con
mi tropilla de versos
y
aquí estamos mano a mano
respirando
olor a trébol
borrachos
de nuestro canto
sin
jeringa de por medio.
Juventud
de mi Argentina,
esperanza
de mi pueblo
sólo
el trabajo y la escuela
nos
pueden templar parejo.
Mirá
esta tierra bendita
que
se entrega sin recelos
en
cada espiga madura
como
el mejor de los premios.
No
hacen falta estimulantes
sólo
basta el aire fresco
pa
llenarnos la garganta
con
un grito bien de adentro.
La
ignorancia es un castigo
el
saber es un derecho
y
no hay mejor enseñanza
que
tener un buen ejemplo.
Levantemos
las banderas
del
estudio y del esfuerzo
por
la salud del mañana
por
los hijos, por los nietos
escuchá
cómo la sangre
te
va diciendo en secreto
¡
Juventud de mi Argentina
vamos
juntos, que podemos !
Los
de fierro
Tengo
dos por falta de uno,
son
de fierro como amigos
y
conocen de mi vida
tal
vez más que Jesucristo;
les
he contao casi todo
al
calor del braserío
entre
noches que se alargan
y
el sueño se pone arisco.
No
les hago preferencias,
cada
cual tiene su estilo;
basta
que el agua esté a punto
son
igual, de comedidos.
En
cuanto pongo la pava
ya
preparan el hocico
y
en el güeco de mi mano
viene
a sentarse el que elijo.
Uno
es oscuro, briyoso
bien
retacón y petiso;
el
otro bayo, lunanco
más
cogotudo y flauchino,
pero
no hace a las cuestiones
porque
cualquiera que ensiyo
me
rinde en la cebadura
hasta
quedarme dormido.
Mientras
repaso mi vida
en
sus ojitos con briyo
me
sé ver en ocasiones
tropiando
por los caminos;
o
saliendo de un bailongo
afirmao
en el cuchiyo
con
una chinita en ancas
ganada
a planazo limpio.
Entre
los dos me sacaron
la
maña de ir al bolicho
cuando
había cáido en desgracia
por
la negrura del vicio
y
en su amargor corajudo
encontré
lo que preciso
más
que en cualquier medicina
pa
curarme los gualichos.
Por
eso es que siempre tengo
en
la mano el del estribo
porque
no hay como un amargo
pa
arreglar el triperío
les
debo tantas gauchadas
al
lunanco y al petiso
que
no ha de haber más parejos
y
de fierro, como amigos.
De
palabra nomás
Vaya
sacando la cuenta
mientras
tiemplo más el agua
y
rajuño en la yerbera
pa
ensiyar bien esta guampa;
con
la cuestión del velorio
entre
pésames y charlas
no
ha quedao más que el polviyo
y
unos palos como ramas.
No
quisiera ni acordarme;
si
en vida de la finada
jamás
me faltó la yerba
a
no ser que se olvidara;
dispués
con todo el asunto
de
internación y farmacia
se
achicaron las provistas
y
dentró a escasiar la chala.
Ahi
me cayeron con todo
igual
que a zorro en la trampa,
primero
jué el sanatorio
y
dispués la funeraria.
Mal
vendí lo que tenía
pa
no andar debiendo nada
pero
siempre queda un ñudo
cuando
la cadena es larga.
Usté
no tiene la culpa
yo
sé que el banco lo manda
y
cumplir con el trabajo
es
ley, del que se conchaba
pero
vaya de mi parte
digale
al de la bancaria
que
siempre pagué mis deudas
sin
que naides me cobrara.
Y
esta güelta también pago,
reste
en la cuenta la chacra
y
agreguele si es gustoso
cuantos
ceros le hagan falta,
con
tal que al final me quede
un
mancarrón y una manta
pa
largarme a los caminos
hasta
que Dios diga basta.
No
hace falta que me lean
ni
que usté me firme nada;
los
números y las letras
pa
mí son patas de arañas.
Los
papeles son papeles
y
un crioyo nunca reclama
con
un escrito mugriento
lo
que ha entregao de palabra.
Firme
en la horqueta
Hay
viene otra vez bramando
con
su turbia correntada
yevandosé
por delante
toda
mi fe y mi esperanza
atropeyándome
el rancho
pechándolo
con las tápias
como
queriendo probarlo
hasta
donde se la aguanta.
Y
lo tiene al pobrecito
con
mis cosas bajo el agua
zamarreándole
los quinchos
hasta
dejarlo sin paja;
menos
mal que a mi canoa
ya
la tengo acostumbrada
y
encara sola pal zarzo
yevando
el mate y la pava.
Saco
las tardes enteras
entre
amargos y pitadas
calculando
bien la yerba
y
el bulto de la guayaca
mientras
miro darse güelta
con
los troncos y las ramas
pedazos
de algunos ranchos
quien
sabe de qué barranca.
Cada
tanto un terraplén
inmenso
como una balsa
se
yeva corriente abajo
cuanto
bicho se le enanca
y
yo firme en las horquetas
viá
a esperar pa ver si baja
mientras
me dure la yerba
y
el timbó no se me caiga.
Pero
en vez de aborrecerla
por
la forma en que me trata
la
quiero tanto a la isla
que
no vivo si me falta
porque
ajuera es todo igual
mucho
asfalto, mucha casa
sin
arroyo, sin canoa
ni
creciente de las bravas.