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La Comunicación

Material compilado y revisado por la educadora argentina Nidia Cobiella (NidiaCobiella@RedArgentina.com)

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REVISTAS ARGENTINAS DEL SIGLO XIX

 La historia de las revistas argentinas es, en más de un aspecto, la historia del desarrollo social argentino, ya que pocas cosas reflejan de un modo más veraz la realidad de un pueblo que el periodismo escrito. El periodismo (no sólo el reflexivo) habla de la sociedad que lo produce; en él  pueden leerse todas las problemáticas del mundo objetivo. Hablar de las revistas en el S. XIX es una manera de entender la historia. El desarrollo tecnológico de este medio de comunicación, su relación con el público, la función que cumple con respecto a las estructuras sociales, su respuesta en el campo estético, se vinculan con la evolución política, cultural y económica de la Argentina. Y en ese sentido, podemos decir que las revistas son parte de ese movimiento.

Acompañando la clausura de la última década del siglo, nació una revista innovadora: Caras y Caretas. El 19 de agosto de 1898 se lanzó la presentación, aunque recién el 9 de octubre apareció el primer número. Digamos (para representarnos la euforia de vivir durante esos años en la Argentina) 1898.

Lo cierto es que aquel anticipo se convirtió en desenlace. Bartolito Mitre y Vedia, que figuraba como director, cedió su lugar a José S. Álvarez (Fray Mocho), que sin dudas, puso en acción una propuesta diferente. Como se definía en el subtítulo - Semanario festivo, literario, artístico y de actualidades-, la revista trazó su programa sobre la articulación de varias líneas. Cuentos, fotografías, caricaturas, cuadros de costumbres, notas sobre política nacional e internacional, dibujos, humor gráfico, noticias sociales y deportivas, relatos de viajes. En el marco de un acuerdo político que le permitió al liberalismo seguir gobernando por varios años, la modernización de la industria cultural y la formulación de nuevas propuestas estéticas, la revista adoptó una fórmula que le permitiera cubrir una amplustria cultural y la formulación de nuevas propuestas estéticas, la revista adoptó una fórmula que le permitiera cubrir una amplio medio altamente tecnologizado y masivo. 

¿Cómo tender el puente hacia ese público nuevo que se quería abarcar? No fue únicamente desde el ofrecimiento de un material heterogéneo, producto de la alternancia entre "grandes" escritores y las notas "livianas". Fue además, desde una concepción renovada en lo que respecta a la diagramación. Las tapas de Caras y Caretas constituyeron uno de los hallazgos. A seis colores y con una caricatura de actualidad, trataban de poner en ellas  "la traducción gráfica de un sentimiento público, lealmente explorado". Con todos estos recursos, la publicación consiguió, en poco tiempo, aumentar considerablemente los 15.000 ejemplares de la primer tirada. Y los comerciantes, con inteligencia, se apresuraron a comprar los ojos de estos nuevos lectores, integrados por la clase media y los sectores inmigrantes; fue un factor fundamental para modificar la concepción del aviso publicitario.

Finalmente, en octubre de 1939, Caras y Caretas dejó de aparecer. Como, con acierto, dice Nicolás Rosa,"quizás las revistas establezcan un límite de lo posible literario de una época, un límite escriturario y al mismo tiempo histórico". Durante su larga existencia, la literatura fue cediendo lugar, en Caras y Caretas, a una información cada vez más snobista, el prestigio de sus colaboradores iniciales se atemperó con la paulatina incorporación de figuras menos conocidas, sus innovadoras estrategias periodísticas se desgastaron ignorando respuestas para las pautas del nuevo siglo. A pesar de ello, el advenimiento de Caras y Caretas a fines del siglo pasado, marcó una actualización en los modos periodísticos. 

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EL IDIOMA DE BUENOS AIRES : BABEL DEL PLATA

Si con la misma técnica usada por Heinrich Schliemann para desenterrar las ruinas de Troya, nos pusiéramos a examinar el habla de Buenos Aires, descubriríamos que cada período de su historia, cada azar o cada reto del destino, le dejó una marca. 

Hay marcas imperceptibles, hay otras evidentes y también están las que se dejan ver sólo cuando alguien se empecina en hallarlas. (Felizmente, los pueblos dejan en manos de lingüistas y antropólogos esta clase de entretenimiento).

La gente , vive y recrea su lengua cada día, con la sola condición de que esa lengua le sirva, que le sirva para decir en todo momento, quién es y en qué circunstancia. 

La equivocación más frecuente de quienes se acercan turísticamente a Buenos Aires es llamar lunfardo a la manera particular de hablar (y de escribir y de soñar) que tienen los porteños. Es un error, pero un error tan insistente que merecería ya convertirse en un acierto,  ¿Y sí sí? ¿Y sí, por fin, se le da institucionalmente al lunfardo la categoría de lengua porteña?. Una lengua que ya no pertenece al restringido ámbito de las cárceles y los prostíbulos; ni al de los conventillos y bailongos; y ni siquiera al nostálgico mundo del tango...una lengua abierta -como esta ciudad, portuaria y aluvional-, una lengua que arrastra siglos de historia y también un color , un sabor y un estilo inconfundibles. 

Largo tiempo discutieron los especialistas si Buenos Aires habla lunfardo o habla con lunfardo. La discusión ha perdido, naturalmente sentido. Un conferencista que se empeñara en utilizar exclusivamente vocabulario lunfardo, sonaría tan exótico a su audiencia como un académico que recitara la última edición de un diccionario. 

La gente siempre habla con, y ese "con" es la incorporación de nuevos giros y vocablos , de nuevos aspirantes a superar la barrera de la moda para quedarse a vivir en el uso diario y entrañable de la lengua. 

No es muy cierto que los argentinos vienen de los barcos, aunque si debe reconocerse que , históricamente, los porteños son argentinos cuyos ancestros se apearon alguna vez de una nao, un bergantín o un paquebote. 

Cuando el joven motoquero (motociclísta), arrojado a la niebla de un amanecer de 1996, exclama: "¡ No se ve un Soto! ", cita sin saberlo, a los ancestros gallegos de 1480. Si pide un pucho o entradas para ir a la cancha, entonces cita a los ancestros quichuas, importados a Buenos Aires en tiempos de la Revolución de Mayo.

Durante setenta años, entre el fin del siglo pasado y el principio de este , el 70% de la población porteña fue extranjero: europeos de nacimiento, con predominancia de italianos y españoles. 

El lenguaje de la ciudad se alimentó de sus lenguas y dialectos. De todas ellas hoy conserva algún recuerdo vivo.

El resultado de esta Babel del Plata -crecida al ritmo de las oleadas inmigratorias y de los fluctuantes circuitos económicos- es el particular  español de Buenos Aires, un español en el que se ha escrito parte de la mejor literatura argentina y universal. 

Todos en esta ciudad, nos entendemos. Y por eso podemos reír cuando algún cómico nos imita, nos satiriza o nos señala las diferencias con las que habitualmente convivimos. Bien podríamos decir que Babel tiene, desde hace mucho, una sucursal en Buenos Aires. Y que los porteños son bichos nostálgicos, protestones, de la raza que parla y luego existe. 
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LA CLAVE : COMUNICARNOS

La comunicación es la clave de la evolución social. Todos los animales, desde los invertebrados hasta los mamíferos  superiores, se comunican entre sí por medio de sustancias químicas, señales ópticas, táctiles, movimientos y sonidos. Además de estos medios de comunicación, el hombre utiliza el lenguaje verbal. Una de las formas más comunes para definir los códigos de comunicación animal, consiste en compararlo con el lenguaje humano. Este es impresionante por varias  causas, entre ellas la cantidad de palabras existentes, así como el potencial para crear otras nuevas que describan cualquier número adicional de objetos e ideas.

Entre los animales la comunicación está encaminada a la formación de "alianzas" que les permitan, en última instancia, perpetuar la especie.

Las abejas como representantes de una comunidad social, poseen medios de comunicación sumamente desarrollados para la transmisión simbólica de información. Estos insectos, al igual que el hombre poseen cinco sentidos y son capaces de ver, oír, palpar, gustar y oler. Pueden además guardar información (memoria) y comunicarla además a sus compañeras. La llamada danza de las abejas parece tener varias propiedades  del lenguaje humano. Entre ellas el simbolismo se presenta en forma ritualizada, lo que les permite  generar nuevos mensajes por medio de estos símbolos. Además, el objetivo (fuente de alimento) se describe de una manera abstracta y se convierte en un objeto removido del tiempo y el espacio. Las abejas manejan y combinan dos códigos de comunicación : el tridimensional fuera de la colmena y el bidimensional dentro de ella. Sin embargo, la danza de las abejas, así como todas las formas de comunicación no humana estudiadas hasta ahora, son pobres  si se comparan con el lenguaje verbal humano.  

Entre los animales los mensajes no pueden ser manipulados  para "crear" una nueva clase de información; existen reglas establecidas genéticamente que guardan una relación directa, podría decirse uno a uno, entre el estímulo y la respuesta. Ello significa que una respuesta puede ser evocada por un número muy limitado de estímulos.  

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