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Roberto
Arlt, Pastor de Fantasmas
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"Durante
su infancia - dice
Mirta Arlt, hija del novelista la
frialdad, la severidad, y la tristeza de quienes lo rodearon, le privaron
acaso, de esa primera posibilidad que tiene el ser humano de expresar su
afectividad... el hombre experimenta en el niño la primera frustración
de su vida...sigue el desgarramiento del abandono, el no estar enraizado
en nada, queda librado a una soledad de la cual se defiende creando mundos
de fantasía que en parte le devuelven los bienes de su realidad
incumplida...Los demás pasos estarán un poco fatalmente condicionados
por esa iniciación pequeña y mezquina: Roberto Arlt desde el comienzo va
a ser pastor de fantasmas; y el primero es quizás el fantasma de sí
mismo...".
El
conocimiento de estos datos biográficos y la proyección de éstos en la
obra literaria, advierten con claridad que el mecanismo fantasioso de Arlt,
actuaba en un medio de acción lo suficientemente amplio como para
efectuar las determinaciones y actos personales como el relieve y las
características de los personajes creados para la ficción literaria. Es
cierto que la mención de
Arlt en un análisis específico de la la literatura fantástica pueden
parecer extravagantes, pero basta con releer sus obras, sin la presión de
la imagen de "El juguete rabioso" (realista pertinaz), para admitir que junto con la indiscutible voluntad del
realismo, Arlt alimentaba una fuerte tendencia a manifestarse con fórmulas
en las que la fantasía juega alucinantes contrapuntos con la experiencia
de lo real. "Los siete locos", es sin lugar a dudas, una de las más vigorosas novelas de crítica social
escrita en la Argentina hasta 1930. La desorientación y la angustia de la
pequeña burguesía halló en esta novela un impresionante registro de
algunos de los valores pulverizados por la crisis económica posterior a
la primera posguerra: el sentido de la propiedad, la aureola del amor romántico,
el decoro y el gesto de la
dignidad personal.
La
producción narrativa
de Roberto Arlt, aparte de incorporar con naturalidad a la literatura argentina,
el lenguaje coloquial porteño de su tiempo, vuelca por primera vez en
estructuras novelísticas auténticamente modernas, los típicos dramas sociales e individuales de nuestra sociedad urbana. No es
una obra muy amplia, entre ellas : "El juguete rabioso",
"Los siete locos", "Los lanzallamas", "El amor
brujo", cuentos y relatos ; en su escueto ciclo no caben la
variedad de visiones del mundo, más bien lo preside una concepción que
no varía : el hombre es impotente frente a la sociedad burguesa que lo
oprime y succiona su individualismo, y entonces sólo para demostrarse que
existe, para sentir el vértigo del ser, para detener el tiempo que fluye
sin sentido, arroja sus ensueños y delirios contra los otros hombres,
generalmente tan desposeídos como él. La vida de Arlt, estuvo llena de
privaciones, su precaria situación
económica lo llevó hasta a acercarse al mundo de los inventos , con la
esperanza de mejorarla, pero quien
habría de proporcionarle su
principal sustento sería el periodismo, actividad iniciada desde muy
joven que lo acercó al mundo de las letras y su gente ."...El
futuro es nuestro por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra
literatura, no conversando continuamente
sobre literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que
encierran la violencia de un "cross" a la mandíbula..." (R.A.)
Una
revisión de Arlt, no es un esfuerzo de interpretación literaria, sino
una tarea viva y permanente que pasa por el centro de las obras de
nuestros mejores narradores y
que aún puede enseñarles mucho acerca de la fidelidad a sus propios
instrumentos expresivos y a su propia realidad.
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Entre
la libertad y la alienación, Haroldo Conti |
- Haroldo Conti, un escritor repetidamente
laureado, fue un emergente de la vanguardia en el universo de las
letras en la década del '60, recreó, desde su producción, a la
tierra de origen reafirmando, su profundo sentimiento de identidad.
Adivinamos en él, a un hombre de estudios elevados, hechos con
un preciso anhelo de enriquecimiento interior y de capacitación: como
escritor orienta esta capacitación hacia la representación de los
aspectos más humildes y marginales de la vida: es una
tendencia quizá espontánea, que sin embargo implica una empeñosa búsqueda
del hombre en estado puro, del hombre menos conformado por la sociedad
. Esta tendencia de Conti hacia lo humilde, lo pobre y lo marginal, es
el ambiente en que suele desenvolver sus vicisitudes novelescas: la
orilla del Plata, hacia el Delta, como en "Sudeste", o la
franja entre entre el puerto y la ciudad, como en "Alrededor de
la Jaula", una especie de frontera entre la naturaleza y la
civilización, entre la libertad y la alienación.
- Cuando
Conti narra , su lenguaje sensible y coloquial parece querer minimizar
las cosas para acercarlas más , les da ese toque en que la ternura se
convierte en compasión cuando se dirige a los hombres , con una gran
eficacia pictórica de honda verdad , logra en forma de conmovida poesía
proyectar el drama angustioso o melancólico de la criatura humana.
- "Sudeste",
"La causa", "En vida","Mascaró, el cazador
Americano", "La Diestra", "Alrededor de la
Jaula", "Los novios", "La balada del Álamo
Carolina", conforman parte de sus creaciones en el mundo de las
letras; su prolífera producción y su profundo amor por la
"patria chica", hizo que la misma fuera conocida en el país
y en el mundo.
- Haroldo
Conti, buceador de pasiones, alegrías, dolores y soledades defendió
sus ideales hasta el fin. Víctima de una dolorosa época de nuestro
país, desapareció en 1976. Por su arraigo, su amor a la libertad, su
legado sigue con nosotros.
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JOSÉ
MARTÍ, EL QUEHACER Y LA PALABRA
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Hombre
de gran talento y de nobles ideales, por los eventos de su vida de
luchador se dedicó al periodismo, no pudo realizar obra orgánica
literaria, interesándole muchísimo más la prédica y la acción. Sus
trabajos literarios se
publicaron en periódicos y revistas, ocupándose siempre de asuntos de
interés americano, sea como crítico, sociólogo, político o simple
observador de hombres y paisajes. Poseyó un estilo vigoroso y flexible,
con acentos siempre persuasivos, puesto que en primer término fue un
maestro. Lo era de vocación
y sin pensar en ello, porque su persona fue ejemplar y nada pensaba o hacía
que no se proyectara hacia finalidades prácticas y elevadas. Manejaba la
prosa como un instrumento apto para obtener toda clase de efectos, sin
recursos de artificios; sabía ser incisivo y epigramático, solemne o
vivaz, siempre dueño de un noble y alto estilo, de un vocabulario digno,
poeta, filósofo y moralista, todo combinado en proporciones armoniosas.
Hacen
bien los cubanos en reverenciar su memoria: vivió y murió heroicamente
al servicio de la libertad de Cuba. Pero Martí nos pertenece aún a
quienes no somos cubanos. Se sale de Cuba, se sale de América: es uno de
los lujos que la lengua española puede ofrecer a un público universal.
Para
comprender a José Martí, debemos
pensar en Baudelaire, en Mallarmé, en Rosetti, o incluso en Rimbaud.
Y
recordemos luego que este hombre anda organizando una guerra, dialogando
con los humildes, buscando hundir un imperio, previendo el encimamiento de
otro, galopando en un caballo hacia la muerte. Y si, considerando que es
un conspirador y un político, intentamos hallarle un paraigual en las
grandes figuras políticas europeas o norteamericanas de su tiempo, no
tarda en separársenos, interesado en los pintores impresionistas y en
Wilde publicando cuatro años antes de la revolución un admirable manojo de versos: "..Quiero ver siempre junto a mí
color, brillantez, gracia, elegancia.
Un objeto feo me duele como una
herida. Un objeto bello me consuela como un bálsamo.." Y esto, en
todo momento de su vida. En
el campo de batalla, en los pocos días que está en él en víspera de la
muerte, escribe febrilmente su deslumbramiento ante la naturaleza, ante la
noche sobrecogedora, ante los detalles minúsculos de la vida. Martí no
concuerda, pues, con la manera de ser de los "occidentales " de su tiempo. Una zona de su
intelectualidad se pone al servicio directo o indirecto del poder
metropolitano e intenta caricaturizar sus formas. Pero otra zona, la
verdaderamente representativa, utiliza sus conocimientos para servir a su
pueblo. Esos conocimientos, por la pobreza de desarrollo del país y por su condición colonial, son escasos y pocos
diversificados. Se concentran en unos mismos hombres que son a la vez
literatos, maestros, políticos, científicos.
En
el caso de José Martí, su propio apostolado, su encarnación de un
pueblo, en contra de lo que algunos pudieran pensar, es un acicate para
esta diversidad de actividades. Martí reúne una suma de saberes y de
oficios no a expensas de su actividad política ni viceversa, sino como
partes esenciales de un todo. Es un fundador, un sabio, un poeta, porque
es un revolucionario.
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La
última tarde de Borges en Buenos Aires |
Borges (Retrato de Julio Ruelas en "La Gaceta")
"Hay
quienes no pueden imaginar un
mundo sin pájaros; hay
quienes no pueden agua,
en
lo que a mi se refiere soy
incapaz de imaginar
En
la calle Arenales al 1700, en Buenos Aires, hay una pequeña librería; en
ese pequeño local el 27 de noviembre de 1985, con el pretexto de un
homenaje se inauguraba una muestra de todos los libros de Jorge Luis
Borges en primeras ediciones.
La
tarde del 27 de noviembre, luminosa y cálida, había congregado a un
grupo de amigos y admiradores de Borges, que sin saberlo lo estaban
despidiendo de su Buenos Aires natal. Curiosamente este hombre incapaz de
imaginar un mundo sin libros y que muy temprano había descubierto que su
destino sería literario, se despedía de su ciudad amada en una librería.
Nadie
más que él, supo esa tarde que aquella reunión era una despedida.
¿Quién
podía imaginar Buenos Aires sin Borges? ¿Quién podía pensar que Borges
no era inmortal?
Un
bibliófilo amigo, había aportado su completísima colección para poder
hacer la exposición. Borges la inauguraba con su presencia. Como se
trataba de un homenaje, se había dispuesto no hacer nada que no le
gustara. Al principio, él mismo aclaró, que no conservaba sus primeras
ediciones y que, como Oscar Wilde, preferí las segundas y terceras.
Cuando se le explicó que se tenían todos los libros , se sorprendió de
que hubiera gente en el mundo que se preocupara por conservarlos.
Ese
tarde, el pequeño recinto parecía no poder contener la grandeza de ese
hombre. Sencillo, afable y hablador, compartió aquella tarde con un grupo
de amigos y admiradores. Grande fue su alegría al encontrarse después de
mucho tiempo, con su amigo
Adolfo Bioy Casares., Rápidamente retomaron su proverbiales diálogos,
llenos de humor, riqueza y fina ironía, y hasta tuvieron tiempo de
consultarse frases y palabras que habrían de escribir.
El
ajedrez, las librerías, Buenos Aires, sus viajes, fueron temas que surgían
de sus labios mientras firmaba sin ver los libros que le acercaban y que
inevitablemente preguntaba cuál era, para agregar algún comentario
sabroso: "Historia universal de la infamia....pensar que cuando
escribí este libro no sabía qué era la infamia. Después la vida me lo
enseñó".
Así
fue transcurriendo el tiempo, en ese clima de encantamiento y fascinación
que provocaba su sola presencia.
Cuando
llegó el momento de irse, se despidió diciendo que pasaría Navidad en
Italia y que luego iría a Ginebra. Nadie le creyó cuando dijo que no
volvería. Sin saberlo, ésta habría
de ser su última tarde en Buenos Aires , como él seguramente, siempre
hubiera querido: con amigos y entre libros.  | Edgar
a poet: Edgar
Allan Poe |
Edgar
Allan Poe, aunque él prefería ser Edgar a poet, definición que descubrió
jugando con las letras de su nombre, mientras se adentraba en la poesía.
Hasta hace algún tiempo, cada 19 de enero aparecían en su tumba, en
Baltimore. tres rosas y una botella de cognac a medio terminar; este era,
y quizás lo sigue siendo, el curioso modo de recordar el cumpleaños de
un escritor no menos enigmático. Poeta, maestro en el arte del terror y
fundador del género policial. Como un Ariel hecho hombre, diríase que ha
pasado su vida bajo el flotante influjo de un extraño misterio. Nacido en
un país de vida práctica y material, la influencia del medio obra en él
al contrario. De un país de cálculo brota una imaginación tan
estupenda; el don mitológico parece nacer en él por lejano atavismo , y
en su poesía se ve un claro rayo del país del sol y azul en que nacieron
sus antepasados.
Poe,
por su organización vigorosa y cultivada, pudo resistir esa terrible
dolencia que un médico escritor llama con gran propiedad "la enfermedad del ensueño"; era un
sublime apasionado, un nervioso, uno de esos divinos semilocos necesarios
para el progreso humano, que nació con la adorable llama de la poesía, y
ella le alimentaba al propio tiempo que era su martirio. En él , reina el
ensueño desde su niñez. Por una parte, posee en su fuerte cerebro la
facultad musical; por otra, la fuerza matemática, su ensueño está
poblado de quimeras y de cifras como la carta de un astrólogo. Hasta su
misterio es matemático para su propio espíritu. La ciencia impide al
poeta penetrar y tender las alas en la atmósfera de los verdades ideales,
la condición algebraica de su fantasía, hácele producir tristísimos
efectos cuando nos arrastra al borde de lo desconocido.
La
imaginación de Poe era de una asombrosa precisión. Además, la notable
aptitud que tuvo para las ciencias físicas y las matemáticas, lo ayudó
a crear esos cuentos de efectos insospechados. Pero
su mente era un arma de doble filo: le permitía creaciones literarias
extraordinarias pero, como contrapartida , lo sometía a los ataques de
delirium tremens. Este
gran admirador de Lord Byron, publicó a los 36 años, el poema que le dio
fama mundial : "El cuervo", con el cual el autor ganó la
inmortalidad y 5 dólares en concepto de derecho de autor.
Aunque
tuvo alguna época de mayor soltura económica, el escritor nunca consiguió
vivir de su fama, pese al éxito que alcanzaban sus publicaciones. Hace algunos años se remató un ejemplar de "Tamerlan y otros
poemas" en 198 mil dólares. Entre
sus obras: "William Wilson", "Berenice", "El
corazón delator", "Los crímenes de la calle Morgue",
"La caída de la casa Usher".  | LOS
METAFORISMO DE AUGUSTO
ROA BASTOS
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"En
el exceso de luz, como en la felicidad excesiva, la muerte no parece estar
en ningún sitio. La vida tampoco. Los excesos son perversos y a la larga
se vuelven insignificantes".
"Todos somos un poco la oscuridad
de la noche en pleno día. Los locos y los inocentes viven el instante que pasa de largo sin tocarlos".
"La autenticidad de las cosas más simples no está sino en la manera
en que el ser humano se identifica con ellas".
"La gente vive en en la miseria absoluta como atacada por una
epidemia de pasividad, de ensimismado silencio. Es como si cada uno
pensara: 'Nada se puede hacer contra la nada'.
"Nadie quiere ser verdaderamente libre.. Siempre se está atado a
algo sagrado o maldito, a la esclavitud de los pequeños hábitos.
La costumbre es más poderosa que el deseo. Es
abrumador vivir con un recuerdo ignominioso. La memoria tiene su propio
peso. El cuerpo es el único
que sabe sus deseos y
necesidades. No siempre los satisfacemos como debemos, sino todo lo
contrario."
 | MENSU
, TIGRE O SELVA : HORACIO QUIROGA
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Seguramente
no hay en la vida de un escritor un solo acontecimiento, por opaco que
sea, que no sirva para explicar algún aspecto de su obra. Sin embargo,
siempre habrá escritores que sólo parecen ser las palabras de sus
libros, y otros que son fundamentalmente esas palabras y la leyenda que ,
ellos y nosotros, hemos tramado con su vida. Hemingway es la guerra española,
el whisky, peces espada, y al mismo tiempo sus novelas; Goethe o Thomas
Mann pudieron haber vivido de cualquier manera, nos bastan con que existan
Fausto o la Montaña Mágica.
Horacio
Quiroga, es el suicidio de su padrastro, la selva misionera, la muerte de
su mejor amigo, su fascinación por las mujeres más o menos infantiles y
su propio suicidio. También es El almohadón de plumas o Los
desterrados; también es si se quiere, el "Decálago del perfecto
cuentista"- y sobre todo es uno de los mayores cuentistas contemporáneos
en cualquier idioma, pero uno tiene la intima certeza de que su obra de
ficción no puede prescindir de la vida del hombre que la escribió.
Hijo
de una uruguaya y de un cónsul argentino en Salto, Horacio Quiroga, sin
dejar de ser uruguayo, es bastante más que a medias un escritor
argentino. Nació en 1878, y más o menos hasta los veinte años fue algo
así como un avatar sudamericano de
Edgar Poe; un uruguayo que leía en francés a los poetas decadentes y
cortejaba la idea poética de la muerte. No podía saber que ya estaba
cercado por la prosa de la muerte. Su padre se mató en una cacería; su
padrastro paralítico se disparó un tiro cuando él tenía diecisiete años;
la brutalidad de esta escena familiar es casi un lugar común. Unos pocos
años después, examinando una pistola de duelo, Quiroga mató a Federico
Ferrando, su mejor amigo. No es un buen comienzo para la vida de nadie.
Horacio
Quiroga, como pocos tiene el derecho de no ser ni uruguayo, ni argentino,
sino rioplatense; por su tradición, por su sangre, por la anécdota de su
vida, pertenece a la cuenca del Río de la Plata, esa cuenca que también
abarca, geográfica y culturalmente, todo el sur de Brasil, todo el
Paraguay, buena parte de Bolivia. Pero si nos atenemos sólo al ámbito
geográfico (la selva misionera) donde él sitúa sus cuentos más célebres,
corremos el riesgo de verlo como a un escritor indigenista o regionalista.
Situar
a Quiroga en una escuela literaria sería inútil, decir que perteneció a
todas como se ha dicho de Rubén Darío, tampoco agrega mucho a la
comprensión de la obra.; sabemos que en sus orígenes fue un poco a la
francesa, modernista a su manera, un poco romántico a la manera de Poe.
Fue para Latinoamérica el inventor del cuento, hizo antes que nadie,
entre nosotros, lo que Poe haría en Estados Unidos: sistematizó el
relato breve y lo elevó en la práctica a la categoría de género
literario. Sus historias no son novelas frustradas, ni estampas, ni poemas
en prosa, ni viñetas. Son cuentos. Cada narración es un universo cerrado
que cuando alcanza su mayor intensidad se vuelve un objeto poético.
Escribe víbora o tigre con la misma naturalidad con que dice árbol,
escribe machete como si dijera mano; medita cada palabra para no olvidar jamás
hacia dónde quiere llevar a sus personajes, nunca ve más de lo que ellos
pueden o quieren ver; no mira, no razona, ni sueña como literato, sino
como mensú, si está escribiendo un cuento de mensú. Afirma que si se
debe escribir "un viento frío viene del río" no hay en lengua
humana más que esas palabras para decirlo, rimen o no.
Nos
enseñó la selva, el deslumbramiento y la abominación de la selva. No la
describió , nos la reveló, no como un paisaje, sino como una geografía
espiritual.
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