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CAPITULO VI «La Capital» fue fundado en 1867 y es considerado el decano de la prensa argentina, ya que todavía se edita. Nació para apoyar el proyecto presentado el 1° de julio de ese año por el diputado por Buenos Aires Manuel Quintana para declarar a Rosario capital de la República. Fundado par Ovidio Lagos, periodista que había trabajado en «La Reforma Pacífica», asociado con Juan Chassaing. El primer número apareció el 15 de noviembre y dedicó el editorial inicial al elogio de la difusión de la educación popular (Piccirilli, ibid., voz Capital). Como se indicó en el capítulo anterior, en julio de 1868, Lagos invitó a Hernández a colaborar en su periódico. Dice Chávez (ibid., p. 42) "Había razones harto suficientes para que ambos periodistas estrechasen los lazos de su espíritu junto con las ataduras que da la lucha política misma. Los dos, federales erguidos frente al centralismo que la burguesía portuaria venía organizando desde hacía años. Ambos, formados en las duras luchas de una existencia penuriosa; los dos emigrados porteños después de las persecuciones de 1857, pertenecientes a un mismo partido: el chupandino. Una misma vocación, junto a las prensas y casi un mismo estilo". Los artículos de Hernández en «La Capital» aparecen inicialados J. H. El primero de ellos fue publicado el 20 de junio con el título de «Los sucesos de Corrientes y la prensa anarquista» en donde planteaba el problema de la legalidad provincial avasallada par la revuelta mitrista. A1 día siguiente, el 21 de junio de 1868, publicó «Corrientes se salva». «Los atentados deben tener término», Los días 22 y 23 de junio. «Tres proposiciones» en sucesivas ediciones desde el 24 al 27 de junio. E12 de julio «Los cantos de las sirenas». «El Rosario debe ser la capital de la República», el 4 de julio y «9 de julio de 1816» en el 52 aniversario de la declaración de la independencia. El 16 de julio «El gobernador ilegal de Corrientes». «Lecciones para los pueblos», dos días después. «De mal en peor», Los días 20 y 21 de julio, última colaboración de José Hernández en el diario de Ovidio Lagos. En este último artículo desarrolló un ataque al programa sarmientino de introducir métodos y maestros norteamericanos, de acuerdo con su concepto de civilización y a riesgo de modificar las tradiciones pedagógicas nacionales. Decía: "Es un destino bien amargo el de esta pobre República. Esto se llama ir de mal en peor. Mitre ha hecho de la República un campamento . Sarmiento va a hacer de ella una escuela. Con Mitre ha tenido la República que andar con el sable a la cintura. Con Sarmiento va a verse obligada a aprender de memoria la anagnosia, el método gradual y los anales de Da. Juana Manso. Estas son las grandes figuras que vienen a regir los destinos de la patria de Alvear y San Martín! Pero, ¿ Consentirá el Congreso, consentirán los hombres influyentes de la República, consentirá el país en que un loco, que ya ha fulminado sus anatemas contra el clero y contra la religión, que ha dicho que va a nombrar una mujer para Ministra de Culto, que es un furioso desatado, venga a sentarse en la silla presidencial, para precipitar al país a la ruina y al desquicio ? No lo creemos; esperamos que el patriotismo y la reflexión no nos hayan abandonado del todo y que antes que consentir en semejante escándalo, tendrán bastante energía para decirle al partido de los anarquistas 'hasta aquí no más', y al loco predilecto de los perturbadores, que se vuelva a su destierro político, a estudiar los diversos métodos de las escuelas americanas." Chávez, ibid., p. 45). En «E1 Rosario debe ser la capital de la República» José Hernández sostuvo: "Hace 15 años que vivimos en un provisoriato funesto respecto de la capital. Y este provisoriato amenaza continuar. ¿Qué? ¿Sólo lo provisorio habrá de ser siempre permanente entre nosotros? Ya basta de incertidumbre. Ya es época de decidir de una manera definitiva y concluyente, dónde deben tener su asiento las Autoridades nacionales, ofreciendo así esa seguridad más a los grandes intereses que aguardan impacientes esa resolución. Ningún pueblo de la República puede sostener con el Rosario la competencia, sobre las condiciones y ventajas positivas que reúne para ser el punto de residencia de las autoridades nacionales. Las fuerzas activas de la República, las fuerzas que pesan más decisivamente en el orden de todos los acontecimientos políticos y sociales, residen en la gran linea del Litoral formada por las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes. Colocado como se halla el Rosario en el centro de esa gran línea, es decir, en el centro de todas esas fuerzas, el Gobierno aquí, regularía sus movimientos y trazaría a esos grandes centros de poder, la órbita en que deberían girar para bien general de la República. El poder de Buenos Aires, que ha de ser siempre una amenaza para los pueblos mientras aquella provincia se mantenga como hasta aquí dominada por un círculo exclusivista y anárquico, ese poder se encontraría contenido por la proximidad del Gobierno Nacional, establecido en un punto fuera del alcance de su influencia; se hallaría observado de cerca y forzosamente estrechado dentro de los límites territoriales de su provincia. " Afirma Hernández, al fin, en este artículo que: "La capital en el Rosario sería la única solución conveniente que puede darse a las grandes cuestiones políticas y administrativas que nos han agitado y dividido hasta hoy." Descalifica asimismo las posibilidades de Buenos Aires asegurando que: "La capital en Buenos Aires sin traer grandes beneficios para aquel pueblo, hace la ruina del resto de la Nación. Aun cuando fuera posible el ridículo fenómeno de la coexistencia en Buenos Aires, de los dos Gobiernos, Nacional y Provincial, esa coexistencia trae así misma aparejados inconvenientes de tal naturaleza, que la convierten en un absurdo, en una extravagancia política." Finaliza la nota con un vehemente llamado en favor de lo propuesto: "Inspírense los representantes de los pueblos argentinos en las grandes conveniencias de la República y echen su voto en la balanza de nuestros destinos futuros, para asegurar para siempre los beneficios que los pueblos aguardan impacientes. ¡Óigase su voz, como la palabra de redención para los pueblos mártires! J.H." (Chávez, ibid., p. 148 ss). La despedida de Hernández del periódico de Lagos es publicada el día 23 de julio de 1868 y dice: "Este apreciable caballero, amigo y correligionario político, se marchó ayer para Buenos Aires; que su viaje sea feliz y su permanencia en la gran ciudad tranquila. El señor Hernández, que se hallaba establecido en Corrientes, trabajaba allí en la prensa apoyando siempre a la libertad y las buenas ideas; independiente de todas nuestras cuestiones las ha tratado con elevación y un conocimiento poco común de nuestros hombres y nuestras cosas. Peregrino
contra su voluntad, por la persecución del célebre
gobierno revolucionario de Corrientes, con su permanencia de
pocos días en Rosario, La Capital le debe notables artículos,
que han llevado la palabra de verdad de nuestra situación
política al ánimo del pueblo." (Chávez, ibid., p.
46).
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