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Reflexiones de amor  – Amar en silencio

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Reflexiones de amor  – Amar en silencio

Cuando amas a alguien; cuando lo amas de verdad, lo menos que puedes esperar es que te corresponda, pero a veces las cosas no son tan fáciles como pudieran ser. Hay ocasiones en las que te toca callar tus sentimientos, porque ese alguien especial no puede ser para ti, o quizá no quiere darse cuenta de tú estás ahí, aguardando. Te toca entonces amar en silencio porque a pesar de todo, lo que sientes es tan grande que es imposible intentar ignorarlo.

Dicen que el amor de verdad no es egoísta, ni conoce de malas intenciones o deseos negativos. Esta dispuesto a darle todo, sin importar que se quede con las manos vacías y sin pretender obtener nada a cambio. Hacer esto es la cosa más difícil que existe en el mundo, pero también puede llegar a ser la más valiosa.

Si amamos sin decir una palabra, estaremos siendo valientes. También sufriremos y quizá nos toque pasar por momentos amargos, pero con el corazón no se puede hablar de razones. ¿Será que existen personas cuyo papel en la vida, es el de ser pacientes con el amor no correspondido? ¿Pasarán vidas enteras antes de que sean capaces de hallar una retribución o un consuelo? No se sabe si encontraremos la respuesta a estas preguntas, o si querer alguna vez dejará de ser doloroso.

Lo único que es seguro es que no vale la pena vivir la vida, sin enamorarse siquiera una sola vez.

Reflexiones de amor – Lo que no decimos

Me gusta mirarte cuando no te das cuenta, porque es el único momento en el que puedo expresarte sin palabras ni acciones, lo que siento por ti. Hay tantas cosas que no decimos y tanto que no nos demostramos, que a veces dudo de si tendremos un futuro el uno al lado del otro. Solemos tener conversaciones largas, a veces discutimos, en ocasiones hacemos como si aún estuvieramos esperando a esa persona indicada, a pesar de que hace mucho tiempo lo hicimos.

Lo sabemos, pero actuamos como si no fuera cierto. Ignoramos el latido del corazón acelerado, la sensación cálida que nos inunda desde dentro; pretendemos que todo transcurre de manera normal. Me pregunto en mi cabeza porque decidimos no hacer caso de todo esto, ¿no sería más fácil aceptar lo que sucede entre ambos?

La respuesta es algo que me consterna aún más, ya que nunca es exacta. Puede que lo echemos a perder y las cosas nunca sean más de la misma forma. Tal vez signifiqué el comienzo de algo único y maravilloso. Quizá funcione por un tiempo y más tarde las cosas vuelvan a la normalidad. De vez en cuando creo que no lo sabré nunca. Aunque presiento que la contestación esta tan cerca de mí…

En esas palabras que no decimos jamás.

Reflexiones de amor – Decir que te amo

Las palabras “te amo” no suelen salir con frecuencia de mis labios. A lo mejor te bastan los dedos de las manos para contarlas. Nunca he sido una persona muy dada a los romanticismos, a pesar de que tengo la seguridad de que daría todo por ti. Podría creerse que doy tu presencia por sentado y que por eso, no te digo en voz alta todo lo que me haces sentir y lo mucho que significas en mi vida, pues desde que te conocí la has cambiado por completo.

Debo hablarte con sinceridad y decirte, que no creo poder cambiar esto de mí. Como sabes y ya te he dicho, paso casi todo el tiempo de las grandes demostraciones de afecto. Tengo una personalidad demasiado peculiar como para darlas. Te estarás preguntando porque he decidido hablarte acerca de esto.

En mi interior, temo que tú también olvides cuales son mis sentimientos, a causa de mis descuidos. Confío en que puedas interpretar las pequeñas acciones que hago, como una manera de compensar mi falta de palabras.

Siempre te observo en silencio, deseando internamente que lo que compartimos nunca llegué a su final. No siempre me detengo a pensar en lo mucho que me has brindado, pues eres lo más valioso que tengo en este momento.

Decir que te amo puede ser complicado a diario, lo acepto. Pero no me cuesta demostrartélo. Ójala todos estos pensamientos dejen de revolotear en mi cabeza por las noches y con cada amanecer te vuelvas hacía mí, sonriendo de esa forma tan tuya y diciendome con la mirada, que me comprendes.